Vuelve la polémica por la carne roja

Un nuevo estudio revela que las grasas saturadas de la carne roja y la leche entera confieren un efecto cardioprotector

Hace aproximadamente tres años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) levantaba la voz de forma estruendosa con un anuncio inquietante: el consumo regular de carne roja, decía entonces, además de carnes procesadas, podría estar vinculado con el aumento detectado en los últimos años de la incidencia de algunas formas de cáncer, en particular, cáncer de colon. La alerta, poco cuestionada por la autoridad que se le presupone a a la OMS, sacudió buena parte de los estamentos vinculados con el sector cárnicos, incluidos criadores, productores y elaboradores.

Del presumible riesgo, sobre todo en una sociedad tan carnívora como la occidental, podría pasarse ahora al extremo opuesto. Un estudio elaborado por la universidad canadiense McMaster a través de su Instituto de Salud Pública, concluye que el consumo regular de carne roja no solo no es perjudicial, sino que ejerce un efecto protector sobre el corazón y las enfermedades cardiovasculares. De acuerdo con las cifras del estudio, los efectos cardiosaludables se traducen en la reducción de un 25% de muertes prematuras debidas a problemas circulatorios y cardíacos. La razón estribaría, según los autores del estudio en las grases saturadas de la carne roja y los lácteos, a los que atribuyen efectos cardioprotectores.

¿Y ahora qué?

Las recomendaciones de la OMS se fundamentaban también en estudios científicos rigurosos. Sus conclusiones, sin embargo, se basaban en un cálculo de probabilidades que exigían consumos muy por encima de lo que podría considerarse razonable. Y por otra parte, probable: si bien nadie ha puesto en cuestión el peligro asociado a las carnes procesadas, un sector de la comunidad científica alertó ya entonces que no eran comparables los datos obtenidos en los países occidentales con los de países en desarrollo, donde el consumo de carne es muchísimo más limitado. Desde los sectores más críticos con la alerta de la OMS se argumentó, asimismo, que la campaña “anti-carne” podría estar vinculada a lobbies que persiguen alimentaciones alternativas. En particular, las que promocionan la producción industrial de alimentos basada en insectos.

Las críticas más sensatas procedían, y proceden, de sectores sociales que defienden la necesidad de un cambio de modelo con respecto a la ganadería industrial, para la que reclaman mayores índices de sostenibilidad ambiental y la aplicación de criterios veterinarios acordes con el conocimiento actual asociado al uso excesivo de antibióticos y de hormonas para favorecer el crecimiento y engorde de los animales. Para estos sectores, la relación con el riesgo de desarrollar cáncer de colon u otras formas se antoja un tanto sobrevalorada frente a otros riesgos.

El estudio canadiense

El estudio del Instituto de Salud Pública de la Universidad McMaster analiza la dieta diaria de 218.000 personas de 50 países distintos repartidos por todo el mundo. El objetivo del amplio trabajo, según se destaca en una nota de prensa publicada por el centro canadiense, es revisar qué debe considerarse, o no, como dieta cardiosaludable, un precepto que, señalan, procede de consideraciones tomadas delos países occidentales asentados desde hace varias décadas. Por consiguiente, sujeto a revisión.

En la nota, tomada de un extracto del trabajo publicado en The Lancet, los investigadores concluyen que debe limitarse la cantidad de carbohidratos refinados que consumimos y que los productos lácteos y la carne no procesada pueden incluirse como parte de una dieta saludable.

Según sus resultados, tomar tres porciones de lácteos y una y media de carne roja al día, además de consumir frutas, verduras y pescado, puede reducir el riesgo de una muerte prematura en una cuarta parte. “Las personas que consumieron una dieta rica en frutas, vegetales, nueces, legumbres, pescado, productos lácteos y carne no procesados tuvieron los riesgos más bajos de enfermedad cardiovascular y muerte prematura”, aseguran. “La carne sin procesar”, añaden, “se asocia con el beneficio”.
 

¿Cuánta carne?

La ingesta de carne roja, proponen los investigadores, debería limitarse a los 70 gramos al día (el equivalente a un bistec pequeño). Y en cuanto a los lácteos, las tres porciones que sugieren podrían equivaler a dos tostadas con queso, un yogur y un vaso y medio de leche entera.

Sise diera validez a estas conclusiones, algunas de las pautas que hasta la fecha se han considerado válidas para una alimentación cardiosaludable podrían verse alteradas, sobre todo las relativas a la carne y a la leche entera, aunque no contradice en absoluto las indicaciones con respecto a las carnes procesadas.

Visto lo visto, tal vez haya que esperar nuevos estudios que aclaren  si lo que nos aportan los metadatos entra o no en contradicciones. Lo que apuntan, por el momento, es una reducción del riesgo cardiovascular frente a un probable aumento de cáncer de colon. Los números no dicen nada más.

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