Polémica por una investigación benevolente con la industria del azúcar

Un trabajo publicado en Annals of Internal Medicine cuestiona las actuales directrices dietéticas sobre el azúcar y la propia revista lo rebate
polémica azúcar

Las pautas dietéticas que recomiendan reducciones en la ingesta de azúcar son inconsistentes y basadas en una evidencia científica deficiente, según un estudio financiado en parte por la industria azucarera, publicado en Annals of Internal Medicine el 20 de diciembre. Un artículo editorial que acompaña al texto publicado discute esta conclusión y toma nota de los vínculos financieros de los autores del estudio con el Instituto Internacional de Ciencias de la Vida, una organización financiada por The Coca-Cola Company y otras grandes industrias.

"Este estudio sugiere que la colocación de límites en la comida basura se basa en ciencia de baja calidad", escriben en el editorial Dean Schillinger y Cristin Kearns de la Universidad de California en San Francisco. "La industria del tabaco hizo afirmaciones similares en su intento de desacreditar pruebas sobre los daños del tabaco".

El estudio financiado por la industria revisó nueve directrices sobre el azúcar publicadas en el transcurso de dos décadas, incluidas las recomendaciones recientemente actualizadas de la Organización Mundial de la Salud. Los autores del estudio reportaron evidencias que sugieren que las pautas son inconsistentes -como a menudo exigen diferentes niveles de consumo de azúcar- y basadas en datos inconsistentes. "En general, yo diría que las pautas no son dignas de confianza”, señala Bradley Johnston, un epidemiólogo en el Hospital for Sick Children en Toronto y coautor del polémico estudio. "Se están haciendo recomendaciones muy rotundas basadas en pruebas de baja calidad", añade.

Johnston destacó el posible conflicto de intereses debido a su fuente de financiación. “El estudio se ha hecho de forma independiente a la fuente de financiación”, escribieron los autores del estudio. En su opinión, los lectores deben estar al caso. Admite, asimismo, que el hecho de que participe la industria como fuente de financiación puede suscitar dudas con respecto a los resultados.

Marion Nestle, profesora de nutrición de la Universidad de Nueva York que no participó en el estudio, se hizo eco de las preocupaciones de Schillinger y Kearns, los autores del editorial. "Este es un ejemplo clásico de investigación financiada por la industria dirigida a un solo propósito: poner en duda la ciencia que une las dietas altas en azúcares a la mala salud". "Este documento”, ha proclamado en consonancia con otros muchos miembros de la comunidad científica, “es vergonzoso".

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