Persiste la inseguridad alimentaria en el mundo

Un nuevo informe alerta que 108 millones de personas en países con crisis alimentarias se enfrentan a la inseguridad alimentaria aguda
lucha contra el hambre
Distribución de semillas en una misión de emergencias coordinada por miembros de la FAO en Nigeria. | ©FAO/Sonia Nguyen.

A pesar de los esfuerzos frente al hambre a nivel internacional, cerca de 108 millones de personas que viven en 48 países con crisis alimentarias tenían un elevado riesgo de padecer o sufrían ya de inseguridad alimentaria aguda severa en 2016, con un drástico aumento en comparación con los 80 millones en 2015, según refleja el último informe mundial sobre crisis alimentarias publicado recientemente en Bruselas.

El documento, en cuya elaboración se han integrado diversas metodologías de medición, es fruto de una colaboración nueva y políticamente innovadora entre la Unión Europea y USAID/FEWSNET (red de alerta contra la hambruna de EEUU), instituciones regionales de seguridad alimentaria y organismos de la ONU, entre ellos la FAO, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y UNICEF.

El fuerte incremento refleja los problemas de la población para producir y acceder a los alimentos debido a los conflictos, los precios a niveles récord en los mercados locales de los países afectados y a eventos meteorológicas extremos como la sequía y las lluvias irregulares causadas por El Niño.

Los conflictos civiles son el factor determinante en nueve de las 10 peores crisis humanitarias, lo que pone de relieve el estrecho vínculo existente entre paz y seguridad alimentaria, según el Informe mundial sobre crisis alimentarias 2017.

Al sumar fuerzas para ofrecer análisis neutrales gracias a las aportaciones de múltiples instituciones, el estudio -que se publicará anualmente-, permite tomar decisiones de planificación más fundamentadas y que respondan a las crisis alimentarias de manera más oportuna, global y coordinada.

La demanda de ayuda humanitaria y para la creación de resiliencia se intensificará este año, ya que cuatro países corren el riesgo de sufrir hambrunas: Sudán del Sur, Somalia, Yemen y el noreste de Nigeria. Otros países que requieren asistencia a gran escala debido a la inseguridad alimentaria generalizada son Iraq, Siria (incluyendo a los refugiados en países vecinos), Malawi y Zimbabwe. Ante la ausencia de medidas inmediatas y contundentes -no sólo para salvar las vidas de las personas, sino también para evitar que caigan en la hambruna-, la situación de seguridad alimentaria en estos países continuará empeorando en los próximos meses, según el nuevo informe.

"El coste en términos humanos y de recursos no hace más que aumentar, si dejamos que las situaciones se deterioren", advierte al respecto el Director General de la FAO, José Graziano da Silva. "Podemos evitar que la gente muera a causa de la hambruna –añadió-, pero si no ampliamos nuestros esfuerzos para salvaguardar, proteger e invertir en los medios de subsistencia rurales, decenas de millones de personas seguirán padeciendo inseguridad alimentaria severa”.

Preocupación

Las cifras reflejan un panorama sumamente preocupante, con más de 100 millones de personas con grave inseguridad alimentaria, con un nivel de sufrimiento que ha sido provocado por los conflictos y el cambio climático. El hambre agrava las crisis, creando una inestabilidad e inseguridad cada vez mayores. Lo que es hoy un problema de seguridad alimentaria se convierte mañana en un problema de seguridad, señalan fuentes del Programa Mundial de Alimentos.

Los 108 millones de personas que según el informe están en situación de inseguridad alimentaria severa en 2016 representan a aquellas que sufren un nivel de malnutrición aguda mayor de lo habitual y una falta generalizada de alimentos mínimamente adecuados, incluso con ayuda externa. Aquí se incluye a los hogares que pueden hacer frente a sus necesidades alimentarias mínimas tan sólo agotando sus semillas, ganado y activos agrícolas necesarios para producir alimentos en el futuro. Sin una acción firme y sostenida, las personas que se enfrentan a la inseguridad alimentaria severa corren el riesgo de caer en una situación aún peor y padecer en última instancia de inanición.

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