Los tendencias alimentarias que vienen

El azúcar y las grasas seguirán en el candelero en 2017, al tiempo que las alternativas orgánicas se abrirán paso
agricultura digital

La última noticia en el sector alimentario industrial refleja como pocas una de las grandes tendencias del año 2017 acabado de estrenar: la guerra contra el azúcar añadido en las bebidas refrescantes carbonatadas. Coca-Cola, el popular refresco de distribución mundial, acaba de ser demandada en Estados Unidos por la organización Praxis. Y no es una denuncia cualquiera ni, probablemente, la última que veremos este año.

Praxis está representada por el Center for Science in the Public Interest, organización sin ánimo de lucro dedicada a velar por el interés de los consumidores y por una alimentación saludable, y con un largo historial de demandas y juicios contra empresas del sector. La demanda se ha presentado por publicidad engañosa.

A la industria de bebidas refrescantes se le acusa, no formalmente pero sí públicamente, de haber iniciado una campaña de ámbito mundial basada en contra-información sobre los efectos perjudiciales de una sobreexposición a los azúcares añadidos. La campaña, señalan organizaciones de consumidores, agencias de salud pública y un número creciente de científicos vinculados con la investigación de las causas del sobrepeso y la obesidad, se asemeja a la impulsada por las empresas tabaqueras en un momento en el que aparecían más que indicios sobre la relación de tabaco y cáncer de pulmón.

Del azúcar a las grasas

Si la guerra contra el azúcar va a ser una permanente fuente de noticias, la batalla contra las grasas no va a ser menos protagonista. Pero las estrategias van a ser distintas. En el primer caso se combinarán los litigios con anuncios de los grandes productores de refrescos de cambios de formulación junto con la entrada de las mismas empresas en el sector de los zumos de fruta saludables. Azúcares alternativos, pues, además de nuevos productos y la entrada en campañas de promoción de la salud mientras que sus intereses se dirimen en los juzgados.

Con las grasas el proceso va a ser distinto. En este ámbito abundarán, con toda probabilidad, anuncios de las agencias de salud pública, con la OMS en cabeza, en defensa de una alimentación más saludable. La batalla, con toda seguridad, no se va a librar tanto en el ámbito de las dietas de cafetería como contra las carnes procesadas y las carnes rojas, de las que ya se está exponiendo un abuso de su consumo y potenciales efectos adversos no solo en salud humana sino ambiental.

Las alternativas, favorecidas sin duda por intereses comerciales, de un lado, pero también por un cierto componente ético y, porque no decirlo, una cierta carga de esnobismo, vendrán de la promoción de “lo vegetal”. Si bien es cierto es que el actual modelo de cría de ganado para carne  tiende a ser insostenible, no lo es menos que los actuales criterios de agricultura intensiva y dependencia cuasi exclusiva de unos pocos productores de semillas en el mundo  tiende al agotamiento.

Es por ello que van ganando enteros las carnes sin carne, es decir, con proteína vegetal, los ensayos con carne de laboratorio y sobre todo modelos alternativos de cultivo que, aunque nacidos en el mundo desarrollado, su expansión a los países en desarrollo parece más que probable. Veremos noticias sobre agricultura digital, big data agrícola, nuevas plataformas y sistemas informáticos consagrados a los cultivos y, de manera muy especial, más y más noticias dedicadas al desarrollo de la agricultura orgánica.

Etiquetas éticas

Etiquetas que digan “la verdad, y nada más que la verdad”. Este es el reto al que deberán enfrentarse las compañías alimentarias, especialmente las de mayor tamaño. La verdad tiene que ver con la ética informativa y con una corriente que va de abajo a arriba, es decir, del consumidor a los grandes productores. ¿La razón? Un consumidor que, según todos los estudios está cada vez más informado y que a su demanda de seguridad une la de calidad. En particular, calidad nutricional.

La calidad nutricional va a hacerse un término sinónimo a saludable. La tendencia que muestran los estudios de mercado es que la demanda del consumidor se está decantando cada vez más a productos que no comprometan la salud, y esta información se exigirá en las etiquetas.

Es en este contexto en el que abundarán lo que podríamos denominar alimentos creativos basados en la mezcla de gustos, texturas y propiedades que hasta el momento vivían unas al margen de otras. Las leches vegetales, como la se soja, son la avanzadilla consolidada de esta tendencia. El nexo de unión para esta categoría de productos en la que cada vez hay más representantes es la proteína vegetal.

A la Unión Europea le va a corresponder tratar de regular este entorno para el que ya se han anunciado nuevos productos. Y además de regular, dar con un nombre que sea comprensible para un consumidor que va a querer seguridad, calidad y un encaje claro en un estilo de vida saludable.

Polémicas previsibles

El año que arranca se verá marcado por al menos dos polémicas que van a requerir, además de sentido común, una importante dosis de ciencia para que se resuelvan satisfactoriamente. Una tiene que ver con el aceite de palma, producto empleado en muchísimos procesos alimentarios industriales y para el que se acumulan los indicios como potencial cancerígeno de uno de sus componentes, el ácido palmítico. La más reciente, la publicada hace tan solo unas semanas por un equipo de Barcelona que ha descrito su papel como iniciador de metástasis.

La segunda guarda relación con las ventajas e inconvenientes de los cultivos orgánicos y, en general, sobre los alimentos orgánicos, sean de origen animal o vegetal. Se trata de un mercado en expansión apenas regulado en el que partidarios y detractores verterán sus opiniones contrarias con más fe que con razón.

Singularmente, buena parte de los debates, que no finalizarán ni mucho menos con el año, se centrarán en la seguridad alimentaria propiamente dicha y, por supuesto, en su accesibilidad y productividad.

A falta de consensos, es previsible que a su favor empiecen a jugar las cada vez más numerosas propuestas de agricultura digital y agricultura urbana. En contra, la dificultad añadida para el control de plagas y enfermedades toxico-infecciosas y los rendimientos  en términos de accesibilidad. En el centro del debate, la sostenibilidad y la distribución de alimentos para cubrir una demanda de orden planetario. El ‘piensa global, actúa local’ va a adquirir de nuevo todo su sentido.

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