Los riesgos de las bebidas energéticas

Las autoridades sanitarias recomiendan un consumo responsable de bebidas energéticas en jóvenes y adolescentes por sus graves consecuencias sobre la salud

Durante los últimos ños, el consumo de bebidas energéticas e isotónicas, que no son en absoluto lo mismo, se ha popularizado enormemente sobre todo entre jóvenes y adolescentes. Concebidas inicialmente para reponer el gasto energético tras un esfuerzo intenso  o para compensar, en el segundo caso, la pérdida de electrolitos y prevenir así los eventuales efectos de una deshidratación tras la realización de ejercicio, su consumo ha saltado de sus usuarios originarios, sobre todo deportistas, al uso lúdico entre jóvenes y adolescentes.

Como es sabido, las bebidas energéticas están constituidas principalmente de cafeína y azúcares, además de otras sustancias estimulantes como la taurina, la glucuronolactona, o el guaraná, entre otros. A esta categoría de bebidas se les atribuye propiedades energéticas, de mejora de la concentración o de estimulación física durante la práctica deportiva, eliminando la sensación de agotamiento de la persona que la consume pero sin producir nueva energía. Los efectos son temporales y cuando remiten se pasa a una sensación de decaimiento.

Con respecto a las bebidas isotónicas, las campañas de publicidad las han promocionado como “bebidas sanas”, ya que se relacionan con los deportes y con el alto rendimiento. No obstante, se trata de bebidas concebidas para aportar al organismo sustancias que se pierden después de hacer un ejercicio físico muy intenso. Si no hemos realizado ejercicio, no es necesario reponer electrolitos que no hemos perdido, ni tampoco azúcares, glucosas, sustancias que están presentes en las bebidas isotónicas y que pueden ser contraproducentes si se toman sin precauciones.

Alcohol y bebidas energéticas

La combinación de bebidas alcohólicas y energéticas tampoco está recomendada. Mezclar una sustancia estimulante y una depresora no hace que los efectos se compensen. La bebida energética aporta una falsa sensación de control, enmascara los síntomas de la embriaguez ya que disfraza los efectos del alcohol, pero no reduce las consecuencias motoras y visuales causadas por éste. La mezcla de estas dos sustancias puede conllevar una reducción de la percepción del estado de intoxicación alcohólica e incrementar el riesgo de sufrir efectos adversos.

La comercialización de nuevos alimentos con cafeína añadida y la aparición de nuevos patrones de consumo de algunos de estos productos, especialmente las bebidas energéticas asociadas al consumo de alcohol, han provocado casos de reacciones adversas tales como insomnio, hipertensión, ansiedad, deshidratación, convulsiones, arritmia y trastornos cardiacos graves en todo el mundo. Por estos motivos, se recomienda evitar el consumo de bebidas energéticas en distintos grupos de población. En particular, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, niños, personas sensibles a la cafeína, con patologías cardíacas o trastornos neurológicos. Si se realiza alguna actividad física intensa, no se deben utilizar las bebidas energéticas para reponer líquidos. La cafeína tiene efectos diuréticos que alteran el equilibrio electrolítico y pueden aumentar el riesgo de deshidratación. Hay que beber agua u otras bebidas para deportistas comercializadas con esta finalidad.

Un error común

A veces se cae en el error de confundir las bebidas energéticas con las bebidas isotónicas o para deportistas. Las bebidas energéticas están destinadas a deportistas con un gran desgaste muscular. La composición de las isotónicas, aunque varía en función de las marcas comerciales, se basa en de zumo de frutas, agua mineral, electrolitos (calcio, magnesio, potasio y sodio) y glucosa. Su composición le confiere poder de hidratación, es decir, ayudan a la absorción del agua, que es vital para el buen funcionamiento del cuerpo humano y reposición de electrolitos ante pérdidas importantes por actividades deportivas intensas o prolongadas, pero también ayuda al rendimiento durante las mismas, ya que previene caídas de glucosa en sangre.

Consecuencias mèdicas de las bebidas energéticas

Desde hace tiempo se viene alertando desde la comunidad médica de los riesgos para la salud del abuso de las bebidas energéticas, bebidas con alto contenido en cafeína que buscan elevar el estado de activación del sistema nervioso simpático, el encargado de aumentar la frecuencia cardíaca o el estado de atención. Su consumo se ve incrementado cada vez más por jóvenes y adolescentes.

Hace dos años la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que utiliza las cifras de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), publicaba un informe que señalaba que, al menos, un 30% de adultos, un 68% de adolescentes y un 18% de niños menores de diez años consumen bebidas energéticas.

En este informe se advertía que las bebidas energéticas pueden provocar un problema potencial de salud pública en el futuro, especialmente entre la población más joven. Así, la recomendación pasa por un consumo moderado, evitar combinarlas con alcohol -o otros excitantes-, y que niños y grupos vulnerables abstengan de tomarlas.

Hasta ahora se ha mostrado que las bebidas energéticas pueden elevar presión arterial en jóvenes sanos aumentando así el riesgo a sufrir eventos cardiovasculares; asimismo se ha asociado con modificaciones de la conducta y alteraciones en las capacidades cognitivas en jóvenes que han ingerido grandes cantidades de estas bebidas. Por otro lado aunque no existen evidencias, las bebidas energéticas se han asociado con muertes súbitas.

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