La restricción calórica al descubierto

Comer menos calorías y de mayor calidad prolonga definitivamente las expectativas de vida
dieta

No se trata únicamente de cuántas calorías ingerimos en nuestra dieta diaria, sino por cuanto tiempo vamos a ser capaces de mantener de forma estricta una restricción calórica y cuál es el origen de las calorías. Ambos factores, finalmente, influyen de forma decisiva en las expectativas de vida. En efecto, las dietas basadas en la restricción calórica, sobre todo si las calorías que se consumen son de calidad, ayudan a prolongar los años de vida y, por lo que parece, se viven en mejores condiciones.

¿Verdad absoluta? Tras la publicación de numerosos estudios, algunos de ellos con resultados contradictorios, parece llegado el momento de afirmar que así es efectivamente. O que al menos lo es en macacos, primates con los que nos une un porcentaje altísimo de nuestro genoma. Más allá del 93%, según algunas estimaciones. Si en monos se consigue prolongar la media en unos 3 años, su equivalencia en humanos alcanzaría los nueve años. Para ello bastaría restringir el aporte calórico entre el 10% y el 30%.

Los estudios de restricción calórica no son una banalidad científica ni están amparados por los efectos de los vendedores de dietas milagro. Las primeras observaciones de sus efectos positivos para la expectativa de vida se remontan a la década de los años 30 del siglo pasado. Desde entonces, cientos de trabajos de indudable calidad científica han venido a demostrar que la reducción de calorías tenía sentido. Desde en pequeños organismos, como el minúsculo C. elegans, hasta ratones de laboratorio o animales de mayor tamaño. Pero también ha habido investigaciones de igual o mayor calidad que no han podido verificar este extremo.

Dos estudios y un destino

La cuestión parece haber sido elucidada recientemente tras la comparación de dos de los estudios que mejores referencias han obtenido de la comunidad científica, ambos iniciados en la década de los ochenta del siglo pasado. El primero, de la Universidad de Wisconsin, y el segundo del National Institute of Aging, ambos en Estados Unidos. El primero aseguraba que en macacos la restricción calórica de hasta un 30% prolongaba la vida de los animales; el segundo, refutaba los resultados.

La comparación ha revelado que, en el fondo, ambas instituciones tienen razón y que lo que fallaba era el método, algunos parámetros descuadraban las cifras. La revisión de datos y su posterior cruce arroja la cifra definitiva: los animales con restricción calórica viven un 10% más que los animales con dieta normal. El equivalente a 10 años de vida en humanos.

No solo eso. Los animales con la dieta limitada en calorías presentan, en general, un aspecto mucho más saludable y, estadísticamente, con mucha menor incidencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer, según acaba de publicarse en Nature Communications. Las diferencias entre los dos grandes estudios sobre calorías y longevidad deben buscarse, se describe en el artículo, no tanto en el número de calorías sino en su origen. Que a caloría proceda de un alimento saludable cuenta y mucho cuando hablamos de longevidad.

Más y mejor

Si analizamos los componentes de la dieta y la ingesta calórica, la primera y más contundente conclusión, por otra parte recomendada por un nutrido círculo de dietistas, es que los alimentos que tomamos tienen que respetar lo que en términos generales se entiende por producto saludable. Es decir, no vale lo mismo ni se obtiene el mismo beneficio de una caloría procedente de una grasa o de un azúcar refinado, que de una legumbre o de una fruta. De ahí la importancia de una dieta rica y variada.

Por otro lado, se está viendo que los alimentos procesados tienden a ofrecer peores resultados en cuanto a longevidad y origen de enfermedades cardiovasculares o metabólicas que los no procesados. Y esta es la clave de la segunda recomendación, cuanto menos procesados sean nuestros platos, mucho mejor.

Un tercer aspecto es que la restricción calórica acompañada de productos saludables debe valorarse a lo largo de la vida de una persona. Es decir, podemos mejorar nuestro estado de salud si como adultos maduros o ya en la vejez acomodamos nuestros hábitos a ambas características, pero lo mejor, aunque también lo más improbable, es mantener siempre una dieta de este estilo.

Y ya que hablamos de estilos, el de vida es el complemento adecuado para obtener los mejores resultados. Dicho de otro modo, complementar la dieta con la actividad física moderada y evitar factores de riesgo comprobados, sería lo que mejor nos conviene. Pero, y ahí la opinión es unánime, mantener estos hábitos de por vida en una sociedad como la nuestra es harto difícil. Casi tanto como en los países en desarrollo.

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