La próstata y el tomate

Investigadores mexicanos sugieren que el extracto lipídico de tomate rojo podría revertir la inflamación benigna de próstata

Para los hombres que cruzan la barrera de los cincuenta años, hablar de sus problemas de próstata es casi como hablar del tiempo. Y razón no les falta: la llamada hiperplasia de próstata benigna (HPB) se origina a partir de procesos celulares en la microarquitectura de este órgano que llevan a su inflamación cuando no a su crecimiento. El origen de la misma suele ser multifactorial, pero la vida sedentaria o el sobrepeso acostumbran a jugar un papel determinante. En cualquier caso, los síntomas coinciden en la mayoría de los casos: desde retención urinaria a dificultad o dolor en la micción o sensación reiterada de orinar sin conseguirlo.

El final común de la hiperplasia sueles pasar por soluciones quirúrgicas. Antes de llegar ahí, están las farmacológicas, que dan un resultado razonable, y podrían estar las dietéticas. Así lo sugiere un grupo de investigación del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV) mexicano, para los que el extracto de la fracción lipídica del tomate rojo podría contribuir a dar una respuesta satisfactoria.

En un estudio publicado recientemente, y desarrollado sobre modelos animales, los investigadores han visto como además de la reducción del crecimiento del órgano, se observa la capacidad de regeneración de la microarquitectura celular de la próstata, una disminución de los marcadores de estrés oxidativo y la normalización de la presión arterial.

Los resultados podrían ser fácilmente atribuidos al interés que se está viendo en instituciones públicas de todo el mundo por promocionar los supuestos efectos beneficiosos de determinados alimentos de gran consumo, campaña que fácilmente podría vincularse a intereses económicos de los sectores de producción implicados. Ocurrió con el aceite de oliva, está ocurriendo con el café y no hace mucho pasó con el cacao.

Más allá de los intereses económicos, que existen y son poderosos, lo cierto es que el tomate, como uno de los productos de mayor consumo mundial, está siendo sometido a multitud de estudios para corroborar su potencial efecto beneficioso para la salud. Entre otros, se le ha atribuido un efecto protector frente a determinados tipos de cáncer, el de próstata entre ellos.

No es de extrañar, pues, que periódicamente salten a la prensa estudios como el citado y que su localización sea en un país de gran consumo, como es México. Pero, como los propios investigadores señalan, no se trata ahora de empezar a consumir grandes cantidades de tomate para beneficiarse de sus efectos. El estudio, recuerdan, se ha hecho con animales de laboratorio y empleando una fracción concreta de extracto de tomate. Harán falta muchos más estudios para validar los efectos y sobre todo para hacerlos viables: comer varios kilos de tomate al día tal vez ayuden a la próstata pero a lo mejor provocan otros problemas de salud.

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