La polémica estrategia ecologista contra el glifosato

La reciente prórroga adoptada por la UE sobre la comercialización del controvertido pesticida plantea serias dudas a la estrategia contraria seguida por Greenpeace

El glifosato, el pesticida de mayor uso en el mundo, lleva más de 40 años en el mercado. De ellos, una parte considerable siendo protagonista de una agria polémica que ha enfrentado a agricultores, productores industriales y organizaciones ecologistas. Greenpeace es la que, de forma más llamativa, ha encabezado una cruzada contra el glifosato, cuya magnitud es similar a la guerra que promovió y sigue promoviendo contra el cultivo de vegetales transgénicos.

Probablemente, el mayor pecado del glifosato fue ser patentado y producido por una de las empresas tecnológicamente más activas en el desarrollo y cultivo de plantas transgénicas, Monsanto. Como en el caso de los transgénicos, la estrategia de Greenpeace fue crear una nube de desconfianza sobre los dos productos, es decir, los transgénicos y el pesticida, unidos por la estrategia comercial de la multinacional norteamericana.

En los que refiere a los vegetales transgénicos, la estrategia se está viendo científicamente incorrecta. El paso del tiempo y la publicación de numerosos estudios ponen en duda que puedan ser peligrosos para la salud y, lo que es más relevante, se está acreditando que no hay ninguna afectación para la salud de potenciales consumidores. La misma estrategia de fomento de la desconfianza se está aplicando al glifosato y todo apunta a que las conclusiones acabarán siendo las mismas.

Qué es

El glifosato es un herbicida ampliamente utilizado para la eliminación de las malas hierbas. Este producto fue desarrollado y patentado por Monsanto, comercializándose bajo la marca Roundup. Este herbicida fue uno más, con una patente activa que expiró en el año 2000. Hasta aquí nada diferente a otros tantos en el mercado mundial. Sin embargo, la notoriedad le vino por la puesta en el mercado de la soja transgénica, también desarrollada por Monsanto, que era resistente al glifosato. Esta tecnología permitía el cultivo de la soja, aplicando el herbicida durante su cultivo, lo que no afectaba al crecimiento y producción del vegetal. Replicando esta misma función, se han desarrollado otras especies vegetales resistentes a este mismo herbicida, como maíz, algodón o canola. A efectos prácticos, esto supone el uso, en exclusiva, de este producto químico, puesto que el cultivo del transgénico supone la aplicación del herbicida.

A partir de ese momento, se generó una gran controversia, dirigida por organizaciones ecologistas, en las que se rechazaba el empleo del glifosato. El rechazo ha continuado hasta hoy, con una gran movilización en contra de las multinacionales. El motivo alegado es la toxicidad ambiental y para las personas que consuman los vegetales tratados. Las evidencias científicas acumuladas hasta la fecha, sin embargo, rechazan los problemas de salud denunciados.

Amplia distribución

El glifosato es un herbicida sintetizado después de la Segunda Guerra Mundial, aunque no es hasta el año 1970 cuando se descubrieron sus aplicaciones para la agricultura. La gran ventaja de esta sustancia química es que puede aplicarse de forma masiva para eliminar las malas hierbas. Esto supuso un avance significativo, puesto que antes de su aplicación, se empleaba un herbicida diferente para cada tipo de cultivo. Con el glifosato, era posible su empleo en cualquier circunstancia.

Desde entonces, se ha generalizado su aplicación, hasta ser uno de los más importantes a escala industrial. Desde que la patente caducó en el año 2000, se está fabricando como un genérico por diferentes empresas químicas, lo que ha ampliado aún más su aplicación.

Al tratarse de una sustancia química de amplia distribución, se ha considerado el riesgo de la presencia de elevadas concentraciones de sus residuos en tejidos animales y vegetales. No obstante, la vida media de esta sustancia en las plantas se ha señalado que se sitúa alrededor de los 22 días, mientas que en el suelo puede estar alrededor de 3 meses. Por tanto, si se esperan al menos 22 días después de la aplicación al cultivo, no deben quedar residuos en los vegetales de consumo tratados con este herbicida.

Toxicidad, sí o no

Después de 40 años de su uso generalizado, no hay evidencias de toxicidad asociada a este producto. Sin embargo, la IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) dependiente de la OMS, describió a este herbicida como potencialmente cancerígeno en el año 2015, dentro del grupo 2A, al igual que la carne roja o el mate, la popular infusión de amplio consumo en algunas regiones de Sudamérica.

La inclusión en la lista del IARC generó una gran polémica, con movilizaciones lideradas en buena parte por Greenpeace. En este punto, se enfrentaron los agricultores y los ecologistas, con posturas muy encontradas que aún continúa hasta nuestros días. Paradójicamente, en el mismo año que la IARC lo declara como potencialmente peligroso, la EFSA publicó un estudio científico en el que indicaba que no había ninguna evidencia de que el glifosato fuera perjudicial para la salud del consumidor.

La aparente contradicción ha suscitado mayores críticas y la denuncia de que los intereses económicos están por encima de la salud pública. No obstante, la UE ha estado debatiendo la idoneidad de prohibir el glifosato en función del riesgo para la población. Esto nos ha llevado hasta el pasado mes de noviembre de 2017, donde en una votación entre los 28 países miembros de la UE se decidió prolongar la licencia al herbicida 5 años más, lo que salda la discusión, por el momento, y quita argumentos a Greenpeace.

Los intereses en la votación de la UE

La realidad es que después de años de uso generalizado del glifosato nada hace pensar que pueda ocurrir nada parecido al caso del DDT, otro de los pesticidas de uso corriente durante el siglo pasado, cuyo uso se prohibió en la década de los años 70. Las razones que llevaron a su prohibición fue su demostrada asociación con distintas formas de cáncer, además de afectaciones graves en la reproducción de aves y el desarrollo de otros animales. La causa principal es que se trata de un compuesto químico organoclorado de carácter bioacumulativo y larga persistencia ambiental. Algunos estudios habían constatdo la presencia de DDT incluso en la Antártida años después de su prohibición.

En el caso del glifosato no se han detectado hasta la fecha sus residuos más allá de su zona de aplicación, los estudios demuestran que sus residuos son biodegradables y no hay relación entre la exposición y la aparición de tumores en población humana. Es por esta razón que el producto se considera seguro en su aplicación y va a seguir siendo una herramienta importante para la producción vegetal en los próximos años.

La votación que tuvo lugar entre los representantes de los Países Miembros de la UE evidenció la existencia de destacados estados contra el glifosato, como es el caso de Francia. Los diferentes países votan algo que va a depender de sus propios intereses, puesto que las evidencias científicas, puestas de manifiesto por la EFSA, demuestran la no existencia de problemas ni medioambientales ni de salud. Por tanto, lo que demuestra la votación es la postura que han defender los estados, facilitando su actividad agrícola.

Por otra parte, la derrota de los grupos ecologistas no es tan severa, puesto que sólo se ha aplazado 5 años, con la finalidad de esperar resultados científicos que demuestren el grado de seguridad del herbicida. El problema, quizás, radica en que, si los resultados les son favorables, los grupos ecologistas atacarán al producto químico, pero si no les dan la razón, no los aceptarán, lo que resulta en un contrasentido de difícil explicación.

Bibliografía

  • De Roos A.J., BlairA., Rusiecki J.A., Hoppin J.A., Svec M., Dosemeci M., Sandler D.P., Alavanjam M.C. 2005. Cancer Incidence among Glyphosate-Exposed Pesticide Applicators in the Agricultural Health Study. Environmental Health Perspectives. 113(1):49–54.

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