La exposición a mercurio causa graves problemas de salud

Los niveles de mercurio en el pescado pueden afectar tanto a las mujeres gestantes como a sus futuros bebés
mercurio y pescado

Pueden liberarlo las erupciones volcánicas en forma de vapor, pero son las centrales térmicas alimentadas con carbón como principal combustible, los mayores emisores de mercurio al medio ambiente. También la quema de biomasa emite mercurio, así como la incineración de restos humanos, una práctica en expansión en numerosos puntos del planeta como alternativa a los entierros convencionales. Si le añadimos la minería de oro, la producción de acero y la de pilas de mercurio, la panoplia de fuentes de contaminación de este metal pesado se extiende hasta unos límites tan extraordinariamente amplios como peligrosos.

Tan peligrosos que un número cada vez mayor de científicos no duda de la necesidad de establecer medidas globales para limitar su uso por los graves efectos que el mercurio ocasiona en humanos. En particular, en mujeres gestantes y en niños, además de otros grupos de población de riesgo, para los que la ingesta del metal pesado puede repercutir en forma de problemas severos del sistema neurológico, trastornos del desarrollo, disfunción renal o incluso síntomas neuropsiquiátricos, además de otros en absoluto menores.

La entrada del mercurio al organismo humano puede darse tras una exposición a sus vapores en procesos industriales, lo que determinaría una intoxicación aguda que podría conducir a la muerte en casos extremos; o bien por bioacumulación. Como han explicado expertos internacionales en el encuentro INCHES 2016, celebrado recientemente en Barcelona, el pescado es el principal vector de una intoxicación que ha llevado a que los niños españoles estén expuestos a mayores niveles de mercurio que la media europea. INCHES es una red internacional sobre Salud Infantil, Medio Ambiente y Seguridad. El encuentro de Barcelona ha sido organizado por el CSIC, la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, la Universidad Ludwig Maximilian de Munich y la Universidad Aristóteles de Tesalónica.

Mares contaminados

El mercurio emitido a la atmósfera durante los procesos industriales en los que media combustión o en la minería acaba incorporándose al medio marino o a los cultivos tras precipitar. Es justamente cuando cae sobre los océanos que puede adquirir la forma de metilmercurio tras ser metabolizado por bacterias, un compuesto extremadamente tóxico y bioacumulable. El metilmercurio es ingerido por peces y mariscos y pasa al tejido graso tras ser digerido. Ahí se acumula sin posibilidad alguna de ser eliminado.

La Naturaleza hace, a partir de aquí, lo que le es propio: el pez grande se come al chico o, lo que viene a ser lo mismo, los tejidos grasos de los grandes peces se acaban convirtiendo en reservorios de la forma tóxica del mercurio. El pescado de menor tamaño, salvo intoxicaciones masivas, como la ocurrida en la bahía japonesa de Minamata en 1956, retiene menores concentraciones, por lo que el riesgo de intoxicación grave decrece con el tamaño.

De ahí que los expertos reunidos en Barcelona apuesten por el pescado de menor tamaño en detrimento de los grandes peces para reducir el riesgo de exposición. En su opinión, está “más que demostrada” la contaminación del pescado por mercurio hasta niveles que quintuplican, según diversas estimaciones, las que se podían recoger en la época pre-industrial.

El riesgo de exposición, señala Joan Grimalt, director del Comité Organizador de INCHES 2016 es mayor en niños. “El hecho de que su metabolismo y órganos todavía estén en formación los hace más vulnerables a los efectos tóxicos de los contaminantes”, explica. La exposición de los niños a los contaminantes ocurre ya “desde la etapa intrauterina”, donde reciben los contaminantes a los que ha estado expuesta la madre a través de la placenta. Los efectos de algunos de ellos sólo se ven a largo plazo, en etapas posteriores”, detalla Grimalt. 

Durante las primeras etapas de crecimiento los niños también son más vulnerables a los contaminantes por su dinámica de comportamiento, como el gateo, introducción de objetos en la boca o un metabolismo más acelerado, entre otras, por lo que suelen tener una exposición más alta que los adultos.

El problema se agrava en el caso de países como España por el hecho de que el Mediterráneo tiene altos niveles de mercurio. En zonas concretas, superan los establecidos como seguros en Europa. Dada la tradición de las familias españolas y el beneficio seguro que aporta el consumo de pescado, los niveles de exposición de los niños españoles a este contaminante se sitúa por encima de la media europea.

El problema del pescado

La contaminación de mercurio, además de extendida globalmente, está empezando a ser reconocida por las autoridades sanitarias de algunos países, que obligan a advertir de los riesgos en algunos productos envasados como las latas de atún. Asímismo, los expertos recomiendan el consumo de pescados y mariscos que se encuentren en las posiciones inferiores de la cadena trófica. Es el caso del pescado pequeño o de los mejillones, que acumulan menos mercurio. Esta opción, sostienen, contribuiría a la preservación de la biodiversidad marina y de recursos pesqueros.

No obstante, distintos estudios indican que alrededor del 70% de todos los productos pesqueros en el mundo contienen niveles relativamente bajos de mercurio compensados sobradamente por su contenido en omega 3. Las mayores concentraciones de mercurio y su forma tóxica se dan en los grandes peces depredadores, como el pez espada, el tiburón y algunas variedades de atún. También las ballenas, cuya carne se consume en países como Japón, se dan altas concentraciones.

Los efectos en niños y gestantes

Las mujeres gestantes suelen recibir la indicación de su médico o nutricionista de aumentar el consumo de pescado por los valores nutricionales que aporta. Siendo cierta esta consideración, no lo es menos que con ella aumentan los niveles de metilmercurio en la futura madre y, como consecuencia, en el feto. Algunos estudios han determinado que un porcentaje notable de mujeres presentan niveles por encima de los considerados seguros por las autoridades sanitarias internacionales. Las cifras señalan que entre el 20% y el 35% de mujeres embarazadas tienen niveles altos o moderadamente altos de este compuesto en su organismo.

Se sabe que el mercurio tiene efectos muy tempranos, ya desde la gestación, en el desarrollo neurológico de los niños, los cuales rinden menos en el aprendizaje. Pueden presentar diferentes trastornos de comportamiento, así como una reducción del cociente intelectual. En general, se considera que la intoxicación puede provocar síntomas de discapacidad sensorial (visión, audición, habla), sensación alterada y pérdida de coordinación. La neuropatía periférica, decoloración, inflamación y descamación, aparecen en casos donde se ha producido un envenenamiento.

Los expertos calculan en 10.000 millones de euros anuales, sólo en la UE, las pérdidas ocasionadas por los efectos tóxicos del mercurio y reclaman que se consideren esas pérdidas, así como el riesgo de perder a futuras generaciones, mientras que en el plano político se discutan medidas ambientales, y no sólo se tengan en cuenta las pérdidas económicas inmediatas en los sectores industriales.

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