La desapercibida intolerancia a la fructosa

La fructosa causa un elevado número de intolerancias alimentarias pero sigue siendo infradiagnosticada y sin constar como tal en las etiquetas

La fructosa es una molécula que causa intolerancia, la fructosemia, también llamada intolerancia hereditaria a la fructosa, y la fructosuria benigna o esencial. A pesar de la alta incidencia de la intolerancia o de las enfermedades debidas a la fructosa sobre la población, el Reglamento 1169/2011, sobre información alimentaria facilitada al consumidor, no la indica como sustancia que debe constar en el listado de ingredientes de un alimento como sustancia causante de alergia o intolerancia alimentaria.

La fructosa es el azúcar que encontramos de forma natural en la fruta y en la miel; también la encontramos en el azúcar común, o sacarosa, en forma de disacárido formada per glucosa y fructosa.

La intolerancia a la fructosa tiene una incidencia sobre la población de entre un 40-60% sin que se identifiquen claros factores geográficos o raciales como ocurre en la intolerancia a la lactosa, a pesar que los síntomas sí son muy similares: gases y flatulencia, dolor abdominal, diarrea.

Mala absorción

En la intolerancia a la fructosa se produce una mala absorción debido a un déficit en el transporte intestinal específico para la fructosa por la proteína GLUT5. Pero el mecanismo de absorción de la fructosa es complejo, ya que interviene otro transportador compartido con la glucosa y la galactosa, el GLUT2, cuya misión es pasar la fructosa, glucosa y galactosa de la célula a la sangre. Es por este motivo, que altos niveles de glucosa estimula el GLUT2 y facilita de forma significativa también el transporte de la fructosa.

Este es el motivo por el que médicos y nutricionistas recomiendan que frente a una intolerancia a la fructosa se pueda consumir una pequeña cantidad de fruta siempre en presencia de otros alimentos, es decir, después de comer, y nunca como tentempié o entre comidas.

Otra de las afecciones causadas por la metabolización de la fructosa es la fructosemia o también conocida como intolerancia hereditaria. Se trata de una enfermedad rara o minoritaria, con una incidencia en la población de 1 por cada 30.000 nacimientos.

No tiene nada que ver con la intolerancia a la fructosa. En este caso se produce una incapacidad del hígado para metabolizar la fructosa por déficit de fructosa-1,6-difoaldolasa. Los síntomas aparecen cuando el lactante comienza a consumir azúcar común, fructosa o sorbitol, apareciendo hipoglucemias graves y muy sintomáticas. Se debe corregir rápidamente con una dieta estricta sin fructosa para evitar males mayores. La enfermedad debuta con una coloración amarillenta en piel y mucosas para desembocar en enfermedad hepática y renal grave.

Intolerancia a fructosa y sorbitol

El sorbitol (E-420), o glucitol, es un alcohol de azúcar que se encuentra de forma natural en algas rojas y en frutos de vegetales de la familia de las rosáceas como las peras, manzanas, ciruelas, melocotones y albaricoques. Se utiliza como edulcorante por su alta capacidad para endulzar sin proporcionar calorías, como humectante y espesante.

Sus características convierten a este azúcar como edulcorante adecuado para  medicamentos, productos dietéticos, bollería, chicles y gominolas o pastas de dientes, entre muchísimos otros productos.

La mala absorción del sorbitol se produce por un déficit del transportador intestinal específico GLUT5, el mismo que la fructosa. De hecho los síntomas de mala absorción son muy similares en ambos casos.

Tanto la fructosa como el sorbitol comparten la misma proteína para su absorción. Por este motivo, alimentos ricos en ambos azúcares dificultan aún más la absorción de la fructosa, ya que ambos compiten por el mismo transportador.

Enfermedad infradiagnosticada

La intolerancia a la fructosa, pese a su elevada frecuencia, tal vez mayor que la intolerancia a la lactosa, sigue siendo una gran desconocida entre pacientes y médicos. Los especialistas en enfermedades digestivas, así como un amplio sector de nutricionistas, considera que se trata de una afección claramente infradiagnosticada a pesar de que puede conducir a situaciones de una cierta gravedad.

Por este motivo, los expertos recomiendan que se considere la intolerancia a la fructosa cuando el paciente presente una enfermedad digestiva que curse con síntomas de dolor y distención abdominal, así como alteraciones del ritmo intestinal. En niños es importante valorarla si coinciden síntomas gastrointestinales y de bajo desarrollo.

Para el diagnóstico de la intolerancia a la fructosa se utiliza el test del hidrógeno aspirado. El test consiste en la toma de una muestra de aire durante una espiración dentro de un pequeño aparato que contiene un sensor para el hidrógeno.

Una vez conocido el valor basal, se administra una solución de fructosa, sorbitol o fructosa-sorbitol; posteriormente el paciente soplará de nuevo en el dispositivo clínico cada 15 o 30 minutos durante un período de 2 o 3 horas. En el diagnóstico también se deben interpretar los síntomas que vayan apareciendo durante el test e intentar correlacionarlos con la mala absorción.

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