La comida rápida tiene impacto genético

Los alimentos poco sanos provocan una reacción del sistema inmunitario similar a la que despierta una infección bacteriana, haciendo que las defensas del organismo cobren agresividad

El impacto de una dieta basada en alimentos con un elevado contenido de azúcar y grasas y baja en fibra se lleva estudiando desde hace mucho tiempo. Una serie de estudios respaldados por tres proyectos de la Unión Europea revelaron que no solo influyen de un modo intenso y a corto plazo en el sistema inmunitario, sino que también activan una gran cantidad de genes en células progenitoras. La investigación revela que si bien la inflamación aguda desaparece con el tiempo, la reprogramación genética de las células inmunitarias y sus precursores se mantiene activa.

El estudio, publicado en la revista Cell, muestra que el impacto que los alimentos poco sanos en el organismo, incluso después de pasar a una dieta sana, implica cambios a largo plazo que podrían influir en el desarrollo de arteriosclerosis y diabetes, enfermedades relacionadas con la dieta occidental.

El equipo en parte apoyado por los proyectos financiados con fondos europeos REPROGRAM, SYSCID y SYBIOFUN, dio a ratones una dieta asociada con el estilo de vida occidental. Los animales desarrollaron así una respuesta inflamatoria intensa en su organismo similar a la que provoca una infección con bacterias peligrosas. También se produjo un aumento inesperado en la cantidad de ciertas células inmunitarias en la sangre de los ratones, en especial granulocitos y monocitos. Esto es indicio de la activación de progenitores de células inmunitarias en la médula ósea.

Para comprender mejor este proceso, se aislaron progenitores de la médula ósea de los principales tipos de célula inmunitaria de ratones alimentados con una dieta occidental y de otros utilizados a modo de control alimentados con una dieta sana. Acto seguido se analizaron las muestras de un modo sistemático. Los estudios genómicos desvelaron que entre los genes afectados se incluían aquellos responsables de la proliferación y la maduración. Cuando los investigadores ofrecieron a los ratones su dieta de cereales normal durante cuatro semanas, desapareció la inflamación aguda, pero permaneció la reprogramación genética de las células inmunitarias y de sus precursores. Incluso tras cuatro semanas seguían activos muchos de los genes que se habían activado durante la fase de comida rápida.

Una infección provoca que el organismo se ponga en estado de alerta y pueda responder ante un nuevo ataque. Esto se denomina aprendizaje inmunitario innato. Pero lo interesante del estudio recientemente publicado por el equipo es que era la 'comida rápida' y no bacterias lo que provocaba la respuesta. Los científicos determinaron que los sensores eran células inmunitarias responsables de la reacción en 120 sujetos. En aquellos con un efecto de aprendizaje especialmente intenso, descubrieron indicios genéticos de lo que se denomina inflamasoma, complejos señalizadores intracelulares clave que reconocen agentes infecciosos y otras sustancias dañinas y que generan mensajeros que provocan inflamación. No obstante, no se sabe cómo los inflamasomas reconocen la exposición a la dieta.

Impacto genético

La dieta occidental provocó cambios epigenéticos, esto es, cambios en la forma en la que se empaqueta la información genética provocando que el ADN se desenrollase para facilitar su lectura. En consecuencia, el sistema inmunitario reacciona incluso ante pequeños estímulos con una respuesta inflamatoria más intensa. Estas respuestas pueden acelerar el desarrollo de enfermedades vasculares o de la diabetes de tipo 2.

Los descubrimientos tienen importancia social. Educar a los niños en la necesidad, y el placer, de elegir alimentos sanos los «inmunizará» contra las tentaciones de la industria alimentaria.

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