Guerra a las bacterias resistentes

La OMS publica la lista de bacterias, muchas de ellas de transmisión alimentaria, para las que se precisan nuevos antibióticos urgentemente
resistencia bacteriana a antibióticos

La guerra emprendida estos últimos años para combatir la resistencia bacteriana a los antibióticos se está recrudeciendo. De un tiempo para esta parte, y de forma muy especial, el último par de años, los mensajes emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la falta de antibióticos suficientemente eficaces para hacer frente a las infecciones bacterianas, ha ido ganando espacio entre la opinión pública con alertas cada vez más impactantes.

Si primero el centro de interés se focalizó en la progresiva pérdida de eficacia, poco más tarde se hacía hincapié en el uso “irresponsable”, según rezaban muchos de los comunicados oficiales, para acabar ahora con la publicación de una lista en la que se desgranan aquellas bacterias para las que no existe un fármaco adecuado o con efectos limitados en la actualidad. La alarma cobra cuerpo con una previsión en forma de sentencia: si no surgen nuevos antibióticos, es más que probable que los fenómenos de resistencia aumenten y que el arsenal terapéutico actualmente disponible no pueda combatir las infecciones. Si esto es así, resume la OMS, en el año 2050 las muertes causadas por enfermedades infecciosas superarán a las provocadas por el cáncer.

El llamamiento de la OMS afecta a los centros de investigación biomédica de todo el mundo, pero también a las empresas farmacéuticas, veterinarias y biotecnológicas, cuya inversión en nuevos antibióticos se considera limitada. Tanto, que se llevan más de 30 años sin ningún fármaco realmente nuevo. También afecta a médicos, veterinarios y ganaderos por lo que considera un uso inadecuado y eventualmente abusivo de estos medicamentos.

La lista

La lista elaborada por la OMS engloba a 12 familias de bacterias resistentes a fármacos antibióticos repartidos en distintos grados de gravedad en función de la falta de fármacos y los efectos de una eventual infección.

En el grupo de “prioridad crítica” están Acinetobacter baumannii, considerada multirresistente a fármacos y que causa infecciones sobre todo en el tracto respiratorio, frecuentemente neumonías. Esta bacteria es una de las principales responsables de infecciones hospitalarias. También están en este grupo Pseudomonas aeruginosa, un patógeno oportunista asociado a la falta de higiene y que puede transmitirse a través del agua de boca o biofilms en superficies de cocinas; y distintas enterobacterias, entre las que destacan Klebsiella y Escherichia coli. Ambas tienen que ver con la falta de higiene; la primera está más asociada a infecciones hospitalarias, mientras que la segunda se transmite mayoritariamente por alimentos.

En el grupo de “prioridad alta” figuran los enterococos y algunas de las infecciones de transmisión alimentaria más frecuentes. Entre ellas, estafilococos, Helicobacter pylori, campylobacter y salmonella. Todas ellas son tratables, como ocurre con el primero de los grupos, pero la respuesta a los antibióticos disponibles es un tanto irregular. La falta de higiene y una mala manipulación y conservación de los alimentos acostumbra a ser la vía de transmisión.

En el tercer grupo, de “prioridad media”, se sitúan estreptococos y Shigella spp, presente en aguas fecales que, eventualmente, pasan a ser de boca. La respuesta a antibióticos es de moderada a alta, salvo en casos donde los brotes presentan un alto nivel de afectados. La higiene, como método preventivo, resulta esencial.

Oportunidad

De acuerdo con el informe hecho público por la OMS, la situación actual con respecto a la resistencia bacteriana es “alarmante”, pero también supone una oportunidad para las empresas del sector biomédico y biotecnológico. El organismo recuerda que la falta de nuevos antibióticos, en particular los de amplio espectro, es una anomalía en el sistema sanitario. Más de 30 años sin un solo descubrimiento relevante y con tan solo ligeras mejoras en el actual arsenal terapéutico, se antoja “desproporcionado” dados los medios con los que cuentan los sistemas de ciencia y tecnología actuales, subraya.

Esa aparente falta de interés de los grandes centros públicos de investigación internacionales está relacionada, también, con la poca atención que prestan las grandes compañías farmacéuticas por esta área. En general, y desde diversos foros, se ha insistido en la necesidad de que la llamada big pharma  incremente de forma notable sus inversiones, petición que históricamente no ha sido atendida.

Es por ello que tanto la OMS como los centros públicos de investigación de mayor impacto insisten en que la actual situación podría ser una oportunidad para pequeñas empresas biotecnológicas que centren sus esfuerzos en la búsqueda de nuevos antibióticos. El apoyo de los respectivos gobiernos, se reclama, resultaría esencial para alcanzar este objetivo.

Viene de lejos

La resistencia bacteriana a los antibióticos está dando lugar a lo que popularmente se conoce como superbacterias o bacterias multirresistentes. El alcance de sus efectos patógenos podría traducirse, en el horizonte del año 2050, en diez millones de muertes evitables de disponer de los fármacos adecuados.

Pero con los fármacos no basta. Organizaciones sanitarias y médicas en todo el mundo insisten en la necesidad de hacer un “uso responsable” de los antibióticos. Empezando por la clínica, que durante años ha abusado de su prescripción, y siguiendo por la población general, que recurre a ellos, a menudo de forma innecesaria. La automedicación, a la que todos somos proclives, necesita más pedagogía.

Por otro lado, también se insiste en la necesidad de inculcar a los consumidores la aplicación de normas básicas de higiene y desinfección, a la par que de buena manipulación de los alimentos. Muchas de las bacterias que tienden a generar resistencia se transmiten por vía alimentaria o por falta de higiene.

Pero, sin duda, uno de los factores que más influye en la generación de resistencia bacteriana es el mal uso que se hace en todo el mundo de los antibióticos veterinarios. En este sentido, se han hecho llamamientos públicos para restringir su aplicación indiscriminada, fenómeno habitual en las grandes explotaciones avícolas y ganaderas.

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