Europa se libra del escándalo de la carne brasileña

España analiza 30 partidas de carne procedente de Brasil sin que por el momento se haya detectado ninguna anomalía

Brasil sigue siendo uno de los principales países exportadores de carne del mundo. Entre sus empresas hay verdaderos gigantes vinculados a todos y cada uno de los procesos que van de la granja a la mesa, empezando por la cría de ganado destinado a carne de consumo humano, a empresas dedicadas a la matanza, despiezado, envasado, conservación y transporte. Buena parte de la producción de estas empresas se destina a la exportación a mercados de todo el mundo. China y la Unión Europea son dos de los grandes importadores, especialmente de vacuno.

El escándalo de la carne brasileña, por el momento, afecta carne de vacuno en la que se han detectado signos de podredumbre. Por lo que se ha ido desvelando, no afecta a toda la carne que se exporta sino a una pequeña fracción, aunque significativa, de alrededor del 1% sobre el total. Se trata de partidas pertenecientes a las compañías BRF, JBS y Peccin. En todos los casos, se trata de empresas frigoríficas.

Según datos de origen policial citados por distintos medios de comunicación, se trataría de partidas de carne para las que se habría superado el periodo apto para consumo que habrían sido tratadas con distintos productos químicos para “maquillar” el mal estado de la carne. Entre otros, se han hallado restos de ácido ascórbico, compuesto que podría ser altamente tóxico consumido de forma continuada. Por lo que parece, las empresas implicadas habrían sobornado a responsables ministeriales para facilitar la exportación de estas partidas.

Falta de control

En opinión de expertos consultados, la crisis de la carne brasileña revela “debilidad de los organismos de control” brasileños en materia de seguridad alimentaria. De forma particular, en el mercado bovino, sector en el que Brasil es el primer exportador mundial y en el que el escándalo desatado pone en cuestión la política sanitaria del país, al tiempo que abre serias dudas acerca de la fiabilidad de los controles de los que hace gala. Lo que sí es seguro, lamentan los mismos expertos, es que el sistema es “susceptible al fraude” no solo por dar gato por liebre, sino porque se pone en riesgo la salud de los consumidores.

Las consecuencias inmediatas de la crisis se han traducido, por el momento, en suspensiones de importación de carne brasileña por parte de potencias tan relevantes para este sector de mercado como son China, su primer importador, y Chile, otro de los grandes importadores. Por su parte, la Unión Europea ha optado por una línea de mayor prudencia y ha decidido endurecer las medidas de control y aislar las partidas sospechosas de fraude.

En esta misma línea de cautela y revisión se sitúa España, que mantiene bajo vigilancia 30 partidas para su análisis. En lo que llevaos de crisis, ni las autoridades sanitarias europeas ni el Ministerio de Sanidad, según informa el diario El País, se han visto forzados a emitir alerta alguna, pese a lo cual aseguran que mantendrán sistemas de vigilancia reforzados para evitar cualquier incidencia.

Medidas cautelares

El principal objetivo de la Comisión Europea es que no llegue al continente carne procedente de las empresas brasileñas implicadas en el escándalo. Por su parte, desde Brasil se ha informado de que se han cancelado las operaciones de exportación de carne de un total de 29 empresas hasta que no se aclare la situación y las medidas de seguridad alimentaria implementadas cumplan con su objetivo.

Por otro lado, fuentes del sector cárnico europeo han hecho público un comunicado a través del cual reclaman a las autoridades europeas que mantengan de forma escrupulosa los estándares de seguridad alimentaria que rigen actualmente en Europa en contraposición con las vigentes en Mercosur, la organización económica en la que se inscribe Brasil.

Según han destacado expertos citados por el rotativo español, “los procedimientos de control sanitario para carne de consumo humano” establecidos en el marco de la Unión Europea “son mucho más estrictos” a este lado del Atlántico que en Brasil, lo cual se traduce en que las medidas implementadas en los Estados miembro son igualmente rigurosas.

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