Europa prepara la prohibición de insecticidas para salvar a las abejas

La nueva regulación afecta componentes fabricados por Bayer y Syngenta que constituyen “riesgos agudos” para las poblaciones de abejas
abejas y pesticidas nicotinoides

El momento tenía que llegar y, por lo que parece, podría ser este mismo año. La Comisión Europea, que lleva al menos des de 2013 evaluando las principales amenazas que se ciernen sobre las abejas, podría decretar una prohibición taxativa sobre el uso de pesticidas neonicotinoides, empleados desde hace veinte años de forma masiva para el control de plagas de insectos. Para la prohibición definitiva será necesaria la aprobación del documento que ahora mismo se está preparando por la mayoría de los Estados miembro, tarea que no se prevé fácil.

El uso masivo de pesticidas neonicotinoides está en el punto de mira desde que hace unos pocos años se detectara una caída brusca de las poblaciones de abejas en todo el mundo. A esa drástica reducción han contribuido otros factores como la pérdida de hábitats, la presión de especies invasoras, como las avispas de origen asiático, o la influencia de enfermedades víricas.

No obstante, es la evidencia lo que ha llevado a la CE a decidir pasar de la prohibición temporal para este tipo de pesticidas a la definitiva. “La cantidad de evidencias científicas sobre la toxicidad de esos insecticidas es tan elevada que no hay razón para mantenerlos en el mercado”, ha declarado recientemente Martin Dermine al periódico británico The Guardian. Dermine es miembro de la organización Pesticide Action Network Europe.

Consenso científico

De acuerdo con el rotativo británico, existe un sólido consenso científico sobre el efecto de los pesticidas neonicotinoides sobre las abejas. Los efectos son evidentes tanto sobre el conjunto de las poblaciones como sobre los panales, que se han visto reducidos de forma drástica en pocos años.  La mayor caída se ha registrado en Europa Occidental, donde se teme su extinción.

Los productos afectados por la prohibición son la imidacloprida y la clotianidina, ambas producidas por Bayer, y thiamethoxam, de Syngenta. Los tres son empleados de forma masiva en la mayor parte de cultivos europeos para el control de plagas de insectos. Ambas empresas han señalado que no existen suficientes evidencias como para proceder a su prohibición, en línea de lo que adujo en un primer momento la EFSA, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que se mostró enormemente prudente cuando saltaron las primeras alarmas.

Sin embargo, fue la propia EFSA, en un informe de 2016, la que argumentaba que, “definitivamente”, ya no había dudas al respecto, por lo que se disponía a promover la retirada de los productos citados del mercado. De cumplirse el bando en toda su extensión, quedaría prohibido el uso al aire libre de los tres compuestos y solo se permitiría su aplicación e invernaderos.

Cuestión política

La resolución del conflicto, si finalmente se logra, va a ser eminentemente política. Aunque la CE ha filtrado su total disposición a prohibir los pesticidas citados, quedan por ver las reacciones de los principales fabricantes así como de los propios granjeros, que son los que los utilizan a unos precios muy competitivos. Ambas posiciones influirán en la decisión de los Estados miembro de quienes va a depender el veredicto final.

Los productores de los pesticidas, que ya están ejerciendo de lobby, argumentan que los criterios científicos de la EFSA no sólo son insuficientes sino que están basados en guías de actuación que no se han ponderado de forma adecuada. Insisten en que los informes científicos emitidos hasta la fecha son parciales y en absoluto concluyentes.

Las agrupaciones de agricultores, por su parte, temen que deba volverse a pesticidas de generaciones anteriores, cuya eficiencia es mucho menor que la de los neonicotinoides. La marcha atrás, aseguran, tendría consecuencias económicas graves y, lo que es peor, hoy por hoy no existen alternativas realistas en el mercado.

Es justamente esta línea de defensa la que motivó que en 2013 se decretara una moratoria parcial, ahora elevada a definitiva. En ese momento, países como Reino Unido se mostraron disconformes con la decisión, pero según corrobora The Guardian, la posición se habría moderado, aspecto que ha facilitado dar un paso al frente. Aparentemente poco, pero suficiente para que otros Estados miembro tomen una postura similar antes de fin de año.

Cultivos y bosques en riesgo

Los informes de organismos internacionales que advierten del riesgo de los pesticidas nicotinoides se han multiplicado en los últimos años. Naciones Unidas, a través de la FAO, la agencia mundial para la agricultura, es el más claro exponente. Documentos recientes alertan de que al menos el 70% de los cultivos dependen de la presencia de abejas en los campos. Estas, junto con otros insectos voladores, son los principales polinizadores naturales.

Organizaciones ecologistas, por su parte, también vinculan el futuro de plantas y árboles con flor al de las abejas. Pero no solo de los cultivados sino, en general, de los que se encuentran en estado silvestre. Una parte nada despreciable de la biodiversidad, tanto europea como americana, señalan, se está poniendo en riesgo por el uso masivo de pesticidas.

Del mismo modo, tanto organismos oficiales como organizaciones sin ánimo de lucro recuerdan que los nicotinoides son pesticidas persistentes que se incorporan de las plantas al suelo y de este a capas freáticas, con lo que el riesgo de contaminación animal y humana es mayor. La ciencia les avala, aseguran rotundamente.

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