Estudiando los comas alimentarios

El metabolismo del sueño se activa en muchas especies animales induciendo un estado letárgico tras comer en exceso
coma alimentario

Nos ocurre prácticamente a todos. Tras comer, especialmente después de una gran comilona, caemos en un estado de sopor que no en pocos casos nos lleva a echar la siesta. Es lo que los expertos denominan un coma alimentario y, por lo que parece, está extraordinariamente conservado en muchísimas especies animales, tanto vertebrados como invertebrados. El por qué y sus mecanismos básicos siguen siendo un misterio.

Un estudio reciente publicado en la revista eLife por investigadores del Scripps Research Institute de Florida arroja ahora algo de luz sobre la universalidad de la siesta. Al menos, en Drosophila, la popular mosca de la fruta.

"En Drosophila hay una interacción bien documentada entre el sueño y el metabolismo, por lo que las moscas tienden al sueño o aumentan su actividad cuando tienen hambre”, explica William Ja, del citado centro y coautor de la investigación. "Sin embargo”, añade en un comunicado de prensa, “los efectos agudos del consumo de alimentos sobre el sueño aún no se han probado, en gran medida porque no había ningún sistema disponible para hacerlo”.

Para obtener sus resultados, Ja y sus colegas colocaron moscas de la fruta en una pequeña cámara de plástico, lo que permitió a los investigadores registrar la actividad de la mosca antes y después de haber comido. Las grabaciones revelaron que las moscas de la fruta se volvieron letárgicas o cayeron en un profundo sueño de unos 30 minutos después de una gran comida. Cuanto más comían, más tiempo permanecían dormidas.

Posteriormente, los investigadores se centraron en un subconjunto de receptores neuronales para la leucocinina, neurotransmisor relacionado como potencial conductor del sueño tras una comida. Los investigadores observaron que las moscas en las que este neurotransmisor había sido silenciado estas permanecieron en estado de alerta incluso después de comer.

"Usando un modelo animal, hemos visto que hay algo en el efecto coma de los alimentos vinculado con un neurotransmisor neuronal, y ahora podemos comenzar a estudiar la relación directa entre la comida y el sueño “, señala Ja.

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