Enganchados a la comida basura

La combinación perfecta de sal, azúcar y grasa compone la receta de la mayor parte de comida basura
Michael Moss comida basura

Michael Moss, prestigioso periodista de investigación y premio Pulitzer en 2010, está convencido de que una combinación ideal de azúcar, grasa y sal es la que se esconde en la letra pequeña de las recetas de cientos de productos alimentarios que consumen a diario millones de personas. Lo cuenta en su libro “Adictos a la comida basura”, cuya versión española acaba de publicar Deusto.

A Moss le avala la ciencia, pero también una observación pormenorizada del comportamiento de la gran industria de la alimentación, de las tendencias de consumo y de legislaciones que considera laxas en cuanto a protección del consumidor en materia de nutrición. Un consumidor al que, por cierto, considera poco informado y sobre todo poco formado.

De la industria, a la que no considera en absoluto “el imperio del mal”, opina que actúa como es de esperar con respecto a cualquier empresa. “Su objetivo es ganar dinero, como ocurre con cualquiera de ellas”, declaraba recientemente al periódico británico The Guardian. Y justamente por este motivo emplea ingredientes que tratan de convertir en “más barato y más atractivo” cualquier producto que quiera lanzarse al mercado.

Otra cosa bien distinta son las consecuencias que el consumo masivo de determinados ingredientes, en particular el azúcar y las grasas, puedan tener sobre la salud. Entre ellas, la actual epidemia de obesidad y muchas de las patologías asociadas, como la diabetes o enfermedades cardiocirculatorias. Estos ingredientes, como se está viendo, interactúan con el circuito de recompensa, el mismo que se activa a nivel cerebral con el consumo de drogas, el sexo o actividades placenteras.

“No es que el azúcar o las grasas provoquen adicción”, aclara el periodista de The New York Times. Pero al participar de las mismas rutas bioquímicas “provoca sensaciones de bienestar que la industria aprovecha” para incrementar sus ventas frente al “beneplácito de los gobiernos” que trasladan la responsabilidad del abuso de la comida basura a la actitud del consumidor.

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