El riesgo de las modas alimentarias en niños

Las dietas infantiles sufren carencias que se agravan al seguir modelos nutricionales de tipo restrictivo
dieta infantil

Hay mil y una dietas, casi tantas como defensores y seguidores de las mismas. Las que no buscan aligerar peso persiguen mantener la línea o, si no, seguir un determinado estilo de vida en el que se prescinde de algún alimento que tradicionalmente ha formado parte de su alimentación. Son las dietas restrictivas. Por ejemplo, con respecto a la carne y el pescado, que se suprimen, o las que optan por productos crudos, en las que faltan cualquier tipo de alimento procesado. Más allá se situarían las dietas milagro, tan científicamente absurdas como innecesarias por los riesgos que entrañan para la salud.

Con independencia de la bondad de las dietas restrictivas y de los eventuales beneficios que puedan aportar a sus practicantes, la pregunta que cada vez más se formulan pediatras y expertos es hasta qué punto los presuntamente aspectos positivos se extienden a niños y adolescentes, especialmente si los primeros son de corta edad.

Y los pediatras están “preocupados”, según se desprende del informe sobre alimentación infantil que acaba de presentar el Observatorio de la Infancia y la Adolescencia Faros, del Hospital Sant Joan de Déu en Barcelona. En su elaboración han colaborado la Academia Americana de Pediatría y la Fundación Alicia.

Guía alimentaria

El informe, que adopta la forma de guía, pretende “resolver dudas y desvelar falsos mitos” sobre la alimentación infantil. En particular, tras la retirada de la leche, cereales con gluten, carne, huevos o productos elaborados, que es lo que proponen muchas de esta dietas cuando, lamentan los expertos, no se hacen los esfuerzos suficientes para garantizar el consumo mínimo recomendado de frutas y verduras o se come carne, grasas y azúcares en exceso.

Muchos de ellos tienen que ver con modas asociadas a un pretendido “estado de buena salud” que, sin embargo, no se sustenta en evidencia científica alguna, advierten los expertos. El ejemplo más ilustrativo, señala su informe, es el caso de la leche, que a menudo se retira de la dieta de los más pequeños tras la lactancia sin tener en cuenta que es una de las fuentes más ricas en calcio, esencial para el crecimiento. Cierto es que el calcio se puede obtener de otros alimentos. El problema está en las proporciones que sería necesario ingerir para obtener el mismo beneficio, señala la guía. Lo mismo ocurre con la lactosa, necesaria para la correcta absorción del calcio. En caso de intolerancia, puede recurrirse a alguna formulación láctica.

Malos hábitos

En el campo de las tendencia o las modas, los expertos hablan también de la creciente demanda de alimentos sin gluten alegando que es más sano prescindir del mismo, lo cual no responde a la realidad. El gluten, dicen los expertos, está contraindicado a celíacos y a personas que padecen intolerancia, pero no al conjunto de la población Para estos casos recomiendan un análisis clínico que lo certifique.

Con respecto a dietas denominadas “alternativas”, los expertos sostienen  que son tan válidas como las convencionales siempre que cumplan con los requisitos mínimos desde el punto de vista nutricional. Este es el caso de las veganas, vegetarianas, crudívoras o hiperproteicas, en las que debe vigilarse atentamente el aporte de vitaminas B y D, además de hierro, zinc y calcio, nutrientes considerados esenciales durante el crecimiento y desarrollo infantil.

Déficits

El informe del Observatorio Faros incluye una encuesta a un colectivo de 3.000 madres, padres y profesores en la que se detectan déficits notables en cuanto a la alimentación infantil, buena parte de ellos asociados a malos hábitos dietéticos o de socialización.

Entre los primeros, llama la atención que solo el 50% de los niños toma verdura una vez al día (cruda o cocida) y el resto la toma menos de cinco veces a la semana. La recomendación estándar es comer dos veces verdura al día.

Lo mismo ocurre con la fruta: prácticamente el 80% de encuestados confiesa que los niños no toman las tres piezas recomendadas al día y al menos el 5% no come ninguna. Otras encuestas reducen aún más el consumo de fruta. Y si su consumo es bajo, más aún lo es el de pescado, que alcanza un pobre 20% de niños que lo comen una vez por semana.

Distintas encuestas alertan, del mismo modo, del pobre consumo de legumbres, cereales o aceites entre adolescentes, mientras que el consumo de carnes rojas, hidratos de carbono (en forma de pasta) o de bollería industrial supera de largo cualquier recomendación.

En cuanto a los hábitos sociales, la encuesta desvela que solo un 65% del núcleo familiar cenan juntos y que el 30% lo hace frente a una pantalla. Esta última cifra oscila en otras encuestas a dígitos mayores. La extracción social y los distintos modelos familiares influyen en ello.

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