El peligro de las piscifactorías

Más de nueve millones de peces han logrado escapar de las piscifactorías de seis países europeos en tan solo tres años

Más a menudo de lo que creemos, la solución a un problema puede ser otro problema. Ocurre en todas las esferas de la vida. Y en el entorno alimentario ha sucedido históricamente en más de una ocasión. La falta de conocimiento suficiente junto con una explotación rápida en la que los riesgos y peligros han sido poco estudiados o considerados han acabado generando un problema mayor que el que se pretendía solucionar. La acuicultura no está siendo una excepción.

Ideadas para proveer de pescado de una cierta calidad a unos costes razonablemente asequibles, las piscifactorías cabalgan a nivel internacional entre la solución a un problema y la aparición de otro cuyo alcance no está todavía bien establecido. Por un lado, es una potencial solución a la sobrepesca y el acceso a los beneficios de la ingesta regular de pescado; por otro, se está convirtiendo en una amenaza medioambiental que va más allá del impacto local, como podría ser el caso de la cría de panga en el sudeste asiático. La liberación accidental de pescado de piscifactoría anuncia riesgos globales por su magnitud.

Aunque no hay datos plenamente fiables sobre el impacto global de las piscifactorías, algunos estudios independientes han aportado valores que nos aproximan al problema. La FAO, la agencia para la alimentación de Naciones Unidas, estima que la producción de pescado y productos derivados es equivalente en la actualidad a cerca del 40% del total mundial. Y la cifra no deja de crecer, al tiempo que lo hace la demanda y se estancan las capturas en mar abierto. Según la misma organización, se estarían produciendo unos 80 millones de toneladas métricas de pescado al año, con un impacto económico superior a los 160.000 millones de dólares.

Impactos

Los riesgos ambientales de las piscifactorías podrían reducirse a dos grandes categorías. La primera incluye el impacto local provocado por modelos de explotación intensiva; la segunda, que está adquiriendo una magnitud mucho mayor de lo esperado, tiene que ver con la liberación accidental de pescado.

En el ámbito local, aunque el impacto suele estar localizado, la capacidad de contaminación de este tipo de instalaciones puede ser de gran calado. El tipo de alimentación que se da al pescado en crecimiento, los residuos que se generan y, sobre todo, el uso intensivo de fármaco, antibióticos particularmente, pueden alterar las zonas de cría y áreas circundantes. El caso más llamativo es el de la panga en la desembocadura del rio Mekong en Vietnam, aunque hay muchos más de las mismas características.

Pero lo que en estos momentos está llamando la atención de la comunidad científica y de las organizaciones ecologistas es la liberación de ejemplares al medio acuático. Aunque mayoritariamente es accidental, el número de ejemplares liberados es extraordinariamente alto.

Como suele suceder, apenas hay datos concretos. Sin embargo, en un estudio realizado sobre las instalaciones de seis países europeos se estima que se liberan al medio marino cerca de nueve millones de peces al año. ¿Las causas? Dado de que se trata de equipamientos instalados a una cierta distancia de la costa y no siempre en las mejores condiciones de seguridad, los animales en cautividad pueden verse favorecidos por los efectos de las tormentas, falta de mantenimiento de las grandes redes que las rodean, el ataque de predadores naturales, errores humanos y, en casos contados, pesca furtiva.

Criados en cautividad

Los peces criados en cautividad difieren de los que crecen en libertad. Suelen hacerlo en peso y tamaño, pero también en conducta. Algunos, como el salmón de piscifactoría, pueden multiplicar por dos el tamaño de los salvajes durante su primer año de vida, lo que les da un factor competitivo adicional que se ve agravado en el caso de especies invasoras que han logrado escapar de granjas marinas.

Por otro lado, en su mayor parte, los ejemplares liberados suelen mostrarse más vulnerables que las salvajes. En parte, debido a que son sometidos a regímenes de alimentación imposibles de seguir a mar abierto, lo que dificulta su supervivencia en libertad, y también al seguimiento de medidas de control sanitario, generalmente con antibióticos, que luego van a seguir su curso en el medio marino.

El tercer elemento de preocupación es el motivado por la hibridación de especies salvajes y criadas en cautividad. Algunos estudios señalan que el ADN de muchas especies salvajes de interés comercial contiene al menos el 10% del ADN procedente de los criados en cautividad. Los efectos a largo plazo de este fenómeno son, por ahora, imprevisibles.

Medidas de seguridad

Si en Europa se producen unas 2.500 toneladas métricas de pescado de piscifactoría al año, cantidad equivalente a la que se produce en las zonas costeras de América del Sur y del Norte, en Asia las cifras se multiplican por 10. En las costas del sudeste asiático, la producción alcanza las 21.800 toneladas métricas.

Las medidas de seguridad, en una parte considerable de los casos, es endeble, sobre todo en el sudeste asiático y en parte de América, lo cual aumenta el riesgo de alteración del equilibrio de las cadenas tróficas.

Esta falta de seguridad generalizada es la que esgrimen científicos y organizaciones ecologistas para poner coto a las piscifactorías, especialmente si se crían especies que pueden resultar invasoras o entrañar riesgos ambientales todavía poco predecibles, como sería el caso del salón y otras especies transgénicas.

Por este motivo, y también por la presión social, a las granjas dedicadas al cultivo de pescado transgénico se les exigen medidas de seguridad adicionales. Entre ellas, sistemas de confinamiento eficaces y, llegado el caso, la instalación de las piscifactorías en tierra firme y protegidas de riesgo de liberación accidental o intencionada.

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