El mercado alimentario global entra en transición

La FAO advierte un importante aumento del consumo de proteínas de origen vegetal en detrimento de la carne
dieta equilibrada

REDACCIÓN — El consumo de carne roja y de carnes procesadas en el mundo occidental ha entrado en una clara fase de declive, según muestran estadísticas recientes publicadas por FAOSTAT, la división de estadísticas del organismo dependiente de Naciones Unidas.  La tendencia, apunta el informe, no es puntual  ni tampoco coyuntural, sino que se viene observando desde inicios de 1990 y, por lo que parece, va a consolidarse claramente en los próximos cinco años.

Por el contrario, en los países en desarrollo se observa un claro aumento de todo tipo de carnes a la par que de proteína de origen vegetal. Esta tónica se verá truncada, de acuerdo con el informe, alrededor de 2020, momento en el que su consumo tenderá a incrementarse exponencialmente en todo el mundo. Lo mismo ocurrirá en buena parte de Europa occidental y en Norteamérica, donde la alimentación vegetariana, con más o menos matices, se está imponiendo lenta pero claramente.

De confirmarse estas predicciones, advierte la FAO, el mercado deberá hacerse suyos unos valores hasta ahora solo parcialmente considerados. Por una parte, deberá acometerse una campaña sistemática de aseguramiento de la inocuidad alimentaria, lo cual implica  no solo revisar tecnologías de producción y el uso de fertilizantes y plaguicidas, sino también como mantener una biodiversidad productiva eficiente y qué respuesta debe darse al cultivo de nuevas variedades vegetales.

Así mismo, si la inocuidad es importante, no lo es menos un segundo aspecto, el de la accesibilidad a una variedad suficiente de productos que aseguren el aporte de nutrientes necesario, especialmente en lo que refiere a valor proteico.

El tercer punto que destaca la FAO es la sostenibilidad. El más que previsible aumento de la demanda de productos vegetales puede comportar serios riesgos de carácter ambiental. Exigirá un uso más intensivo de los campos de cultivo, mayores extensiones, una probable reducción de variedades vegetales por la tentación de tender al monocultivo industrializado, un mayor consumo de agua y un uso potencialmente peligroso par el medio ambiente de fitoquímicos.

La extensión de la biotecnología vegetal, que ya está aportando nuevas propuestas de producción, algunas de ellas basadas en la incipiente y prometedora tecnología de edición genómica, así como la tendencia a respetar la biodiversidad existente o incluso la recuperación de especies, son algunos de los elementos que la FAO entiende como contraparte a los riesgos del incremento de demanda de proteína vegetal.

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