El filete de canguro como solución ‘ecológica’

Se plantea combatir la superpoblación de canguros en Australia propiciando el consumo masivo de su carne

La carne de canguro, como la de otras muchas especies animales, es comestible. Se sabe desde hace tiempo en Australia, de donde son originarios, y en otros países del mundo que la importan como si se tratara de carne exótica. Pero su consumo, lejos de ser mayoritario, queda limitado en la mayor parte de mercados a círculos muy específicos en los que la demanda de lo exótico, o lo raro o poco común, tiene su hueco.

La percepción, no obstante, podría cambiar si se aceptan algunas tesis del gobierno australiano que abogan por propiciar su consumo. El motivo que las impulsa es pretendidamente ecológico. La población de canguros en el continente alcanza los 50 millones de ejemplares, prácticamente el doble del recuento oficial efectuado siete años atrás. A efectos prácticos, esto supone que, de seguir el ritmo actual, estaríamos hablando de superpoblación de canguros en mayúsculas.

Cuando se da una superpoblación en un entorno determinado, pueden tomarse medidas compensatorias o dejar que sea la propia naturaleza la que alcance nuevos equilibrios. Pero cuando una especie ha gozado de protección especial y carece de predadores naturales en número suficiente, no es extraño que desde la administración se impulsen medidas drásticas. En nuestro entorno más cercano, son conocidas las batidas contra palomas en las grandes urbes o, en determinadas zonas, contra la superpoblación de conejos.

El caso australiano podría parecer similar. Si lo fuera efectivamente, se procedería a la eliminación de individuos hasta lograr una población equilibrada. El problema al que se enfrentan los gestores ambientales es que el canguro es poco menos que un icono nacional a proteger y que son muchos los australianos que se oponen a medidas drásticas. Y mucho menos, aunque su caza está autorizada, a que se convierta en plato de consumo habitual.

Esta es precisamente una de las propuestas, pasar de la caza puntual, autorizada, a convertir a los marsupiales en carne como modo de frenar su proliferación. Se argumenta que su carne aporta beneficios para la salud y que, de este modo, se evitaría que entren en competencia, como ya está ocurriendo, con el ganado, especialmente en cuanto a pastos y agua. Los expertos, sin embargo, contraponen que se trata de una medida extrema que no aporta seguridad ni en términos alimentarios ni ecológicos.

Comentarios

Añade un comentario

Para comentar tienes que estar registrado.
Registrate o si ya eres usuario

Tendencias