Dudas razonables sobre el propionato

La inulina de propionato, por la que se interesan numerosas empresas alimentarias, influye pero no condiciona el apetito
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Son muchas las empresas del sector alimentario que están esperando resultados concluyentes sobre el propionato. Los esperan porque de este pretendido nuevo ingrediente alimentario se piensa que pueda jugar un papel importante en el control del peso y en la lucha contra la obesidad. Sin embargo, y a la luz de lo último que se ha publicado en la literatura científica, habrá que esperar.

El propionato es el componente principal que se genera en el intestino cuando la flora intestinal, la microbiota, descompone la fibra dietética, la que consumimos de forma habitual en nuestra dieta. De este compuesto se sabe que impacta de algún modo en el cerebro de modo que actúa como una suerte de alarma para indicar cuando debe cesar la sensación de apetito.

Prometedor pero en absoluto definitivo. Ingredientes con propionato que se añaden a la comida han mostrado hasta la fecha resultados “de interés” pero insuficientes como para concluir que se trata de la molécula definitiva. Si como ingrediente no ha obtenido el éxito que esperaban los expertos, tampoco lo ha conseguido en su formulación de batido, según se desprende de un artículo publicado recientemente por The American Journal of Clinical Nutrition.

En el citado artículo, firmado por investigadores del Imperial College de Londres, se muestran “resultados prometedores” derivados de la reducción de peso gracias al control del apetito mediado por el uso de un batido con este suplemento alimenticio. Sin embargo, una cohorte formada por voluntarios sanos y muy escaso en número, en la que se ha probado el batido, resulta “inadecuada” y “poco concluyente”, según los detractores del estudio, crítica aceptada por los investigadores. En su descargo, los científicos británicos han asegurado de que se trataba de “solo un paso más” en la investigación del propionato.

La actual lucha contra la epidemia de obesidad explica que estudios parciales y con resultados prácticos todavía dudosos sean explotados mediáticamente como la gran solución. La mayoría de expertos, no obstante, insisten en que la mejor solución “ya existe” y que se basa en una correcta educación en hábitos saludables.

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