Cinco minutos bastan para comer fruta y verdura

Un estudio desvela que una breve reunión con un especialista es suficiente para cambiar hábitos alimentarios básicos en familias con pocos recursos
frutas y verduras

Las familias con pocos recursos económicos, según se reproduce de forma reiterada en un cada vez mayor número de estudios, tienden a comer mucho peor que quien dispone de rentas mayores. Las causas también son conocidas: existe una creencia generalizada de que la comida barata, altamente energética y poco variada, en la que abundan el exceso de azúcares y grasas, es la única a la que tienen acceso por sus menguadas rentas. La baja extracción social, que se corresponde en general con un menor nivel educativo, contribuyen a un fenómeno negativo al que en los últimos años se han sumado lo que se conoce como clases medias empobrecidas por el efecto de la crisis económica.

Pero no siempre es una verdad absoluta, como acaban de demostrar investigadores de la Universidad de Michigan que han estado analizando como familias de escasos recursos destinan su dinero a la compra de comida y, en especial, de frutas y verduras. De acuerdo con su estudio, publicado en el American Journal of Preventive Medicine, la interacción con especialistas en alimentación en centros sanitarios puede provocar que las familias doblen literalmente el dinero destinado a comida saludable. Para ello basta, aseguran, con una pequeña charla orientativa de apenas cinco minutos.

El estudio se ha desarrollado sobre unas 120 familias que reciben ayudas públicas debido a sus bajos ingresos. Dado que las ayudas no son de gran cuantía, la mayor parte de las familias deciden primar alimentos de escaso coste, entre los que abunda la denominada “comida basura”, rica en azúcares y grasas y pobre en calorías de calidad. La fruta y la verdura suele quedar fuera de la dieta diaria por su coste.

La charla informativa se complementa con un pequeño incentivo proporcionado por la iniciativa Double Up Food Bucks, impulsada por granjeros y responsables de tiendas de comestibles locales en Michigan. De acuerdo con esta iniciativa, las familias pueden hacerse con vales de comida de 10 dólares que pueden intercambiar luego por frutas y verduras. De este modo se consigue promocionar a los productores y establecimientos alimenticios locales a cambio de un servicio social.

El pequeño incentivo y la charla informativa, siempre en centros asistenciales, consiguió doblar el consumo de frutas y verduras casi al instante y, en general, mucho más allá de la pequeña ayuda económica. Los autores del estudio opinan algo que ahora mismo parece una obviedad: la información nutricional ofrecida adecuadamente puede ser una de las mejores herramientas, si no la mejor, para contribuir a hábitos de alimentación saludables.

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