Se estrecha el cerco sobre la acrilamida

La Comisión Europea propone endurecer la normativa sobre los niveles máximos de acrilamida permitidos en productos horneados

¿Niveles máximos o niveles recomendados? En estos términos se debate el texto que debe ser aprobado el próximo mes de enero por la Comisión Europea relativa a la presencia de acrilamida en productos alimentarios fritos u horneados de origen industrial.

Los defensores de establecer niveles prefijados de acuerdo con las recomendaciones de las autoridades sanitarias sostienen que se trata del mejor método para monitorizar un producto para el que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ya ha expresado de que se trata de un “carcinógeno potencial”.

Por su parte, los defensores de marcar niveles recomendados argumentan que la progresiva erradicación de este compuesto que se forma durante el proceso de producción de un sinfín de productos tostados, entre ellos el pan, galletas o patatas fritas, resulta mucho más efectiva por la dificultad que entraña su reducción o eliminación de los productos. Como ejemplo, señalan que en los últimos 10 años la industria ha conseguido reducir en un 50% la concentración de este compuesto.

No parece, por el momento, que haya acercamiento entre las dos posturas, que podrían calificarse como de una más estricta y otra más laxa, por lo que la posibilidad de alcanzar un acuerdo se ve lejana. Lo que sí parece probable es que se refuerce algo así como un código de buenas prácticas que obligue a ambos sectores. La Comisión Europea, por el momento, no se ha decantado por ninguna de las dos opciones, aunque crece la opinión de que las medidas de control van a endurecerse.

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