Ojo con las setas

Con la llegada del otoño aumentan las intoxicaciones por el consumo de setas silvestres tóxicas que se confunden con las comestibles
setas

Cada año al llegar el otoño aparecen las intoxicaciones por setas, lo que en términos médicos se conoce como micetismos, con mayor incidencia los años lluviosos. Las intoxicaciones se deben, como ya es sabido, al consumo de setas tóxicas que en muchos casos y por muy diversas razones, se confunden con otras comestibles. La inexperiencia y falta de conocimiento del recolector, que confunde aspectos, formas, colores, tamaños o incluso el hábitat de crecimiento de las setas, facilitan la confusión y aumentan el peligro de intoxicación.

La alarma y  la necesidad de ser precavidos es mayor cada año por cuanto el consumo de setas silvestres, y sobre todo la afición a su recolección han aumentado mucho en los últimos años. Como destacan las campañas públicas, y especialmente el sentido común, es fundamental la experiencia y el conocimiento de los recolectores. Es mucho mejor limitarse a recolectar únicamente lo que se conoce con precisión y desechar cualquier sospecha de seta tóxica.

Entre otras muchas razones, porque tras la ingesta de hongos que sintetizan y acumulan sustancias tóxicas, se pueden producir cuadros de toxicidad de mayor o menor gravedad que pueden llevar de una aparentemente benévola gastroenteritis a otras mucho más complejas debidas a efectos psicotrópicos, daño hepático o incluso de riesgo vital.

Merece la pena recordar que no existe antídoto eficaz ni tratamiento que garantice la curación de una intoxicación por determinados tipo de setas. No obstante, un diagnóstico rápido y un tratamiento adecuado pueden modificar el curso de la enfermedad que en ocasiones puede ser mortal. Sin ir más lejos, la intoxicación por Amanita phalloides es la causa más común de intoxicación letal por setas ya que sus toxinas son capaces de producir una necrosis hepática irreversible.

Unos números

Existen más de 5.000 variedades diferentes de setas en el mundo. En Europa existen unas 3.000 variedades diferentes y en España están catalogadas más de 1.500 especies de hongos superiores, de las cuales entre 50 y 70 pueden considerarse tóxicas y de éstas de 5 a 6 mortales. En el Real Decreto 30/2009 de 16 de enero por el que se establecen las condiciones sanitarias para la comercialización de setas para uso alimentario, en su anexo aparecen el listado de especies de setas comestibles.

En España se producen entre 200 a 400 casos anuales de intoxicación que precisan tratamiento hospitalario. Puede darse en personas de todas las edades, sin diferencia de sexo, pero la mayoría de las intoxicaciones se producen en adultos.

Aproximadamente, el 50% de estas intoxicaciones no llegan a ser vistas en los hospitales, el otro 50% de los casos los pacientes acuden al hospital por ser síntomas más graves, de las cuales un 40 % son tipo Amanita phalloides, con una mortalidad que se sitúa en la actualidad alrededor del 10 %; un 50 % son gastroenteritis, más o menos severas, que en general se solucionan sin complicaciones en un par de días; y el 10 % restante son diversos tipos de intoxicaciones en general de escasa gravedad.

La gravedad de la intoxicación

Cada seta puede tener una o varias sustancias tóxicas. La dosis letal para el ser humano es muy baja y se calcula en 0.1 mg/kg de anatoxinas, lo que significa que una sola pieza de 20-30 g puede producir la muerte de un adulto sano, a no ser que no se le de el tratamiento adecuado.

Las intoxicaciones por setas se clasifican según los efectos que produzcan en humanos, los órganos a los que afectan y el tiempo en que tarden en aparecer los síntomas. En función del tiempo que aparecen los síntomas se clasifican de acuerdo a  su latencia en el tiempo.

Las consideradas de latencia inferior a 6 horas (de 30 minutos a 4 horas) tras la ingesta, generalmente no son graves y producen síndrome gastrointestinal, alérgico o neurológico. En el caso de período de latencia largo, entre las 9 horas a 15 días, después de la ingestión, la intoxicaciones suelen ser mucho más graves, puesto que cuando se manifiestan los síntomas ya han causado un grave daño en órganos vitales, y son frecuentes los síndromes hepatotóxicos, nefrotóxicos y eritromerálgicos.

Los hongos pueden contener diferentes tipos de toxinas, que en la mayoría de veces producen envenenamiento y son generalmente gastrointestinales. Las más peligrosas, ya que pueden producir la muerte, son amatoxina, gyromitrina y orellanina. Las amatoxinas y las gyromitrinas son hepatotóxicas, la gyromitrina es además epileptógena. La orellanina es nefrotóxica. La muscarina y psilocybina son tóxicos para el sistema nervioso central y la coprina produce efecto antabús cuando se mezcla con alcohol.

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