La leche que no es leche

La sustitución de la leche de origen animal por licuados vegetales con el mismo nombre puede ser constitutivo de fraude además de acarrear problemas de salud

La alimentación es algo que hoy se está viendo afectado por la moda. De algún modo, pasa como con la ropa, los coches o los destinos de vacaciones. No obstante, seguir a pies juntillas las modas alimentarias puede constituir un verdadero peligro para los consumidores, sobre todo los más desinformados y, en muchos casos, ser motivo de fraude.

Si echamos la vista atrás tan sólo cinco años, veremos con facilidad que el consumo de leche de vaca ha ido perdiendo protagonismo a la par que se introducía con fuerza que su consumo podía entrañar riesgos graves para la salud. El riesgo, vendido a menudo como peligro real, se ha asociado en estos últimos tiempos a la concentración de lactosa, a la que se presenta como un azúcar dañino que no somos capaces de digerir. Del mismo modo, se presentan sus proteínas como elementos difíciles de metabolizar, generadoras de alergias y de multitud de problemas de salud. La solución por la que han optado los mercados, con una creciente aceptación de los consumidores, son los derivados vegetales líquidos, a los que se ha denominado leche, sabedores como son las empresas productora, del enorme valor comercial asociado al término “leche”. En sentido estricto, esta asociación es claramente un fraude, puesto que lleva a engaño al consumidor.

El caso es que, por lo que parece, hoy en día hay poco conocimiento sobre los alimentos, a pesar de que vivimos una de las épocas que más se habla de ellos. Lo que decíamos de las modas. Y como en todas las modas, el volumen de negocio que se maneja es enorme. En España, la industria alimentaria es la tercera contribuyente a nuestro PIB, solo por detrás del turismo y la automoción. Tan relevante es que cualquier empresa que sea capaz de introducir un nuevo concepto, va a incrementar de forma muy importante sus ingresos. Sin embargo, no todos los mensajes son válidos en aras de conseguir más beneficios económicos.

Así está ocurriendo con los licuados vegetales. Su aspecto lechoso permite asociarlos con la leche y, a efectos prácticos, llegar a suplantarla aunque el sabor sea totalmente diferente. La consecuencia no es otra que el rechazo a la leche de origen animal. Pese a ello, el consumidor medio sigue considerando la leche como un producto importante en la dieta.

Si los consumidores tienden a valorar la leche de forma negativa, de acuerdo con un discurso desarrollado por algunos investigadores y empresas alimentarias desde hace algunos años, y valoramos los licuados vegetales de forma positiva, sólo falta una cosa para que la operación triunfe, el nombre. En este caso, se le pone el nombre de leche y se comercializa como un producto de sustitución.

Leche de vaca

La leche ha sido claramente atacada en los últimos 10 años. Sin embargo, es uno de los alimentos que conforman la dieta mediterránea. La composición de este producto está dominada por la lactosa (4%-5%), la proteína (3,5%) y la grasa (3%-4%). Esta composición varía en función de la raza de la vaca, la época del año, la alimentación que recibe y otros factores que inciden en su desarrollo y crecimiento. Además, posee una elevada cantidad de calcio, así como vitamina A y D. De acuerdo con esta  composición básica, la leche puede considerarse un alimento equilibrado, sobre todo si se consume con alguna fuente de hidratos de carbono complejos, como los cereales y el pan. Además, posee una gran cantidad de péptidos bioactivos y otras sustancias que podrían llevar a considerarla un superalimento.

Sin embargo, el consumo está bajando de forma progresiva en los últimos años. ¿Por qué motivo? Quizás por una estrategia sostenida en el tiempo, relacionada con la intolerancia a la lactosa, alergias infantiles a la leche o la imagen de producto peligroso, dada la presencia de grasas saturadas en su composición. De hecho, numerosos medios de comunicación prestigiosos se hacen eco de discursos apocalípticos relacionados con la leche, donde se indica que este producto está relacionado con consecuencias graves para la salud, como cáncer, obesidad, osteoporosis, alergias y problemas digestivos, entre otros. Esto es claramente falso, pero contribuye a reducir el consumo de este alimento de forma lenta, pero progresiva.

Lo cierto es que la leche es esencial para el crecimiento de los niños, especialmente en sus primeras etapas de la vida, así como en las mujeres, para asegurar unas adecuadas reservas de calcio que las proteja de la osteoporosis. Lo que se desconoce, es que las necesidades no se incrementan en las mujeres post-menopáusicas, sino durante la adolescencia. Esto significa, que si no se toman medidas y el consumo sigue bajando, se podrán ver consecuencias negativas para la salud dentro de no muchos años.

Licuados vegetales

Los licuados vegetales son unos de los productos estrella en nuestra alimentación reciente. La variedad es enorme, ya que podemos considerar hasta 18 tipos diferentes, como los de cereales (avena, espelta, arroz, y kamut); los de leguminosas (soja y cacahuete); de tubérculos (chufa); de semillas (quinoa, amaranto, lino, girasol, sésamo y cáñamo); de frutos secos (almendras, avellanas, anacardos, castaña y nuez de macadamia). En nuestro país, quizás los más conocidos son los de avena, soja, almendra y chufa, aunque en este último caso, como al producto se le denomina horchata, el consumidor no la incluye como posible sustitutivo de la leche.

El problema que representan radica en un punto de vista erróneo asociado a las necesidades nutricionales en cada etapa de la vida o a estilos y hábitos. Desde esta óptica, no tiene sentido considerar el licuado vegetal como un sustitutivo de la leche. Promocionar su sustitución como alternativa puede llevar a extremos graves como dar este producto a bebés creyendo que es adecuado, cuando en realidad puede llegar a provocar la muerte de recién nacidos si la sustitución es total.

Este último aspecto nos da una idea de la extrema gravedad que tiene inducir a error a los consumidores, puesto que la sustitución de la leche de vaca por un licuado vegetal no es posible, desde un punto de vista nutricional, como tampoco lo es en personas con necesidades especiales.

La correcta denominación de leche

Muy probablemente, la raíz del problema que se está experimentando con la leche y los licuados vegetales, hay que buscarlo, de nuevo, en el fraude. Algo tan antiguo como la humanidad y que pretende conseguir beneficios económicos, sustituyendo un producto conocido, por otro que no es el mismo.

En el caso que tratamos se consigue gracias a la denominación de leche y apoyándose en toda la información contraria a los alimentos de origen animal. Particularmente, si tomamos resultados de estudios de investigación no concluyentes y los metemos en una coctelera, nos puede salir un discurso negativo contra cualquier producto. Sin embargo, si consultamos a expertos en la materia, no se llega a conclusiones sobre lo peligroso de un producto como la leche. Más bien al contrario, se pone de manifiesto que son superiores los beneficios reales, sobre los problemas potenciales.

Pese a ello, la denominación “leche” sigue siendo positiva, por lo que se la ha incluido junto al vegetal del que se obtiene el licuado, lo que le confiere una apariencia de producto saludable y nutricionalmente equivalente. Aparentemente muy bonito, pero un fraude en toda regla.

Por este motivo, el 14 de junio de 2017, el Tribunal de Justicia Europeo sentenció que no es posible incluir la denominación de leche, mantequilla u otros derivados lácteos a productos que sean de origen vegetal, con el ánimo de evitar que se pongan en el mercado productos con una denominación de lo que no son.

Bibliografía

  • ARRÊT DE LA COUR (septième chambre). 14 juin 2017. «Renvoi préjudiciel — Organisation commune des marches des produits agricoles — Règlement (UE) nº 1308/2013 — Article 78 et annexe VII, partie III — Décision 2010/791/UE — Définitions, denominations et dénominations de vente“.

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