La base científica de la legislación alimentaria

La legislación alimentaria en la UE tiene como objetivo proteger la salud de los consumidores a partir del conocimiento científico y técnico
legislación alimentaria

En la elaboración y el desarrollo de la legislación alimentaria, las instituciones de la UE optaron por un nivel elevado de protección de la salud de sus ciudadanos; y, en su aplicación, por un modelo no discriminatorio respecto a los mercados de destino, ya fuera dentro de la UE o en terceros países. El objetivo último no era otro que comercializar únicamente alimentos seguros y saludables.  

La relación directa entre la salud y los diferentes conocimientos científicos determinaron que las normas que conforman la legislación alimentaria tuvieran una base científica. El propio legislador comunitario, mediante la aprobación del Reglamento 178/2002, dejó establecido que la base científica y técnica de la legislación relativa a la seguridad de los alimentos debía contribuir a alcanzar un nivel elevado de protección de la salud en la UE.

Las crisis alimentarias precedentes, especialmente la conocida como “el mal de las vacas locas”, determinaron un cambio sustancial en la regulación y en la conformación del Derecho Alimentario Europeo. La pérdida de confianza del consumidor en sus instituciones, en las autoridades sanitarias y en la seguridad de los alimentos, y sus consecuencias negativas para el mercado y los intereses económicos de los operadores, fueron clave para conformar los principios del Derecho Alimentario Europeo, entre ellos, el conocido como principio de cientificidad.

La seguridad alimentaria reside en la base científica de la legislación

La seguridad de los alimentos necesitaba, más que nunca, de la técnica y de la ciencia para poder ser garantizada, y los consumidores tenían el derecho a acceder únicamente a alimentos seguros y saludables. La legislación alimentaria, tal y como había sido diseñada hasta la fecha, había resultado insuficiente para proteger la salud del consumidor.

El principio de cientificidad

El principio de cientificidad fundamenta la legislación alimentaria en la ciencia, es decir, en todos aquellos conocimientos científicos que nos aportan todas aquellas ciencias experimentales relacionadas, de forma directa o indirecta, con los alimentos, desde la biotecnología hasta la química, la bromatología, la nutrición o la genómica, entre otras muchas. La garantía de la seguridad alimentaria reside en la base científica de la legislación que regula los alimentos, incluso en aquellas situaciones de riesgo incierto o desconocido.

En este sentido, la normativa de referencia instituyó una metodología sistemática que pretendía ser eficaz, proporcionada y específica para tal fin: el análisis del riesgo. Este método, que resulta eficaz para evaluar la probabilidad de que un agente nocivo pueda producir un efecto dañoso, lo conforman tres elementos esenciales, debidamente interrelacionados, como son la determinación del riesgo, la gestión del riesgo y la comunicación del riesgo.

Sin embargo, la reglamentación de referencia ha dispuesto que la confianza en la base científica de la legislación comunitaria va a depender de que la determinación del riesgo se lleve a cabo de una manera independiente, objetiva y transparente, basada en la información y los datos científicos disponibles. En 2002, con la creación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en su acrónimo en inglés), la organización de la seguridad alimentaria a nivel UE queda completada con un organismo que es capaz de proporcionar a las instituciones comunitarias aquellos análisis objetivos e independientes que son necesarios para la elaboración de una legislación con una sólida base científica en el ámbito de la seguridad alimentaria.

En algunas ocasiones, incluso va a ser necesario contar con otros factores que van más allá de la ciencia, y que son de carácter sociológico, económico, tradicional, ético y medioambiental, a fin de adoptar decisiones relacionadas con la gestión del riesgo. Un principio de cientificidad que debemos considerar extendido a otras ramas de la ciencia.

Protección global de la salud

Las crisis sanitarias europeas relacionadas con los alimentos han puesto en evidencia la complejidad del proceso de producción de alimentos y la necesidad de abordar la seguridad alimentaria con un planteamiento global que comprenda toda la cadena, desde la producción primaria hasta el suministro a los consumidores finales, con un único objetivo: la protección de la salud de la población.

En este sentido, las diferentes autoridades responsables de los distintos Estados miembro, atendiendo a los mandatos del legislador comunitario, han puesto en práctica medidas destinadas a reforzar, mejorar y proteger el desarrollo de los sistemas de evaluación y de gestión de los riesgos para la salud vinculados a las materias primas, las prácticas agrícolas y ganaderas, y las actividades de procesamiento y distribución de alimentos. Y es que, como hemos mencionado, la producción y el consumo de los alimentos son esenciales en cualquier sociedad y tienen repercusiones económicas, sociales y medioambientales.

La protección de la salud de las personas no puede desligarse de estos aspectos, y es en este escenario en el que pasan a definirse los principios básicos de la seguridad en la alimentación, con un planteamiento global e integral. Es decir, es preciso que tengan en cuenta toda la cadena alimentaria y todos los sectores implicados, tanto los productores como los consumidores en cualquier parte del mundo.

Referencias normativas

  • Reglamento (CE) número 178/2002, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 28 de enero de 2002, por el que se establecen los principios y los requisitos generales de la legislación alimentaria, se crea la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y se fijan procedimientos relativos a la seguridad alimentaria.
  • Ley 17/2011, de 5 de julio, de seguridad alimentaria y nutrición.

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