Clamor contra la adulteración en nutrición deportiva

La manipulación de las etiquetas sobre el contenido en proteínas de muchos productos destinados a nutrición deportiva alerta a la EU
nutrición deportiva

Cómo saber si el contenido cuantitativo y cualitativo relativo a proteínas que se anuncia en las etiquetas de bebidas, galletas u otros productos destinados a la creciente legión de deportistas que los toman para reponer fuerzas es cierto o no. Por lo que parece, al menos en el seno de la Unión Europea, no es nada sencillo. Es más, informar adecuadamente de ello tiene un punto de voluntariedad, alerta la Alianza Europea de Nutrición Deportiva (ESSNA), que puede derivar en información engañosa cuando no al fraude directamente.

De acuerdo con la citada organización, en la que se agrupan las principales empresas del sector en Europa, “existen vacíos legales” que deberían ser corregidos y que tienen que ver tanto con las alegaciones de salud que se publicitan en las etiquetas como con la propia composición de esta categoría de productos. Por lo que refieren las partes afectadas, hay demasiada laxitud legal, lo cual se traduce inevitablemente en falta de control.

La última controversia ha surgido con respecto al contenido proteico que se anuncia en las etiquetas de algunos productos que se comercializan con fines deportivos. En algunos de ellos, los análisis de laboratorio han revelado que apenas alcanzan el 60% de lo anunciado. Por otra parte, la lentitud legislativa con respecto al contenido en minerales y vitaminas, así como las indicaciones sobre composición mínima regulada por ley, se contradice con la que sería necesaria para obtener “resultados satisfactorios” tras la práctica deportiva, denuncian los representantes de las empresas. Finalmente, lamentan de igual modo que las alegaciones de salud que pueden publicitarse en las etiquetas, no siempre se corresponden con la realidad.

Parte del fraude denunciado tiene su origen en el método establecido para el cálculo de proteínas en un producto determinado. La técnica aceptada se basa en la cantidad de nitrógeno detectado en los análisis, pero en ningún documento legal europeo se especifica cual debe ser la fuente de nitrógeno. Ese vacío es el que propicia que pueda argumentarse un aumento de la concentración que en realidad no existe.

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