Los robots se hacen un hueco en los invernaderos

Investigadores de la UPM emplean un robot para medir las variables ambientales de los invernaderos y garantizar el control de las condiciones de los cultivos
robot invernadero
El robot desarrollado por la UPM mide y controla las condiciones ambientales de los invernaderos

¿Qué hacen esos robots que se mueven entre las plantas? Esta es una pregunta que en un futuro próximo se podrá hacer quien visite un invernadero. Lo cierto es que la productividad de estas explotaciones depende en gran medida de las condiciones en las que crecen las plantas. Mantener la temperatura, la humedad y otras variables en valores adecuados permite obtener buenas cosechas en términos de cantidad y calidad. Sin embargo, cualquier desequilibrio en estas variables puede causar estragos que van desde la caída de la productividad hasta la pérdida de la cosecha. Por esta razón es importante conocer al momento y de forma continua las condiciones del invernadero. Volviendo a la pregunta inicial, estos robots están haciendo un trabajo que los humanos no podemos ni queremos hacer: supervisar las condiciones ambientales del invernadero durante 24 horas al día y 365 días al año.

Esto es justamente lo que investigadores del Grupo de Robótica y Cibernética (RobCib) del Centro de Automática y Robótica (CAR) -un centro mixto de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)- han hecho, empleando para ello un equipo formado por un robot terrestre y otro aéreo para medir la temperatura, la humedad, la luminosidad y la concentración de dióxido de carbono de un invernadero, tanto en el suelo como en diferentes alturas. La información que recogen ambos robots sobre el invernadero permite conocer en todo momento las condiciones de los cultivos y detectar problemas antes de que sea demasiado tarde.

No es sólo que dos robots puedan cubrir un invernadero empleando menos tiempo que uno solo, sino que cada uno puede aprovechar sus cualidades para acometer las tareas que se le dan mejor. En este caso, el robot terrestre aporta robustez, autonomía y tolerancia a fallos, ya que puede recorrer los pasillos del invernadero cargando con su compañero durante 5 horas. Por su parte, el robot aéreo aporta agilidad y velocidad, ya que es capaz de intervenir en momentos precisos, accediendo a zonas difíciles y tomando medidas a diferentes alturas. Todo esto ha sido probado con éxito en las simulaciones y trabajos de campo realizados en un invernadero experimental de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas (ETSIAAB) de la UPM.

El estudio que ha llevado a cabo el equipo de investigadores del grupo RobCib establece una estrategia para que el equipo de robots sea capaz de cumplir con su misión. Primero, el robot terrestre recorre los pasillos del invernadero controlado con un mando para generar un mapa. A continuación, este robot realiza su ruta en el invernadero de manera autónoma y va tomando medidas de temperatura, humedad, iluminación y concentración de dióxido de carbono. Cuando el robot terrestre encuentra un obstáculo que impide su avance o detecta una medición anómala, el robot aéreo despega, realiza una ruta para evitar el obstáculo o investigar las causas de la anomalía y vuelve a aterrizar sobre el robot terrestre. Podemos ver a los robots trabajando sobre el terreno en esta grabación realizada por los investigadores.

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