Los materiales de las cafeteras y los biofilms bacterianos

Estudios recientes están poniendo de manifiesto la importancia de la cafetera como origen de diversos microorganismos con potencial patogénico
cápsulas de cafe y bacterias

Ante la aparición de nuevas tecnologías o equipos domésticos, el consumidor tiende a aceptarla o no en función de lo práctico que le resulte. Este es el caso de las cafeteras de cápsulas, donde la facilidad de uso, la rapidez en obtener el café y, sobre todo, la variedad de productos que se pueden conseguir sin esfuerzo, ha supuesto un éxito.

El producto resultante, el café, no posee ningún riesgo en sí mismo, sino que se ha encontrado una gran facilidad para la formación de biofilms en algunas zonas de las máquinas. Es cierto que después de miles de millones de tazas de café preparadas en el mundo, no se ha dado ningún brote de enfermedad de transmisión alimentaria ligada a este producto, pero esto no significa que no se pueda mejorar. Convendrá desarrollar soluciones imaginativas que aseguren las mejores condiciones higiénicas.

¿Hace un café?

Hacer un café de forma tradicional suponía cocer el café en agua, para poder extraer las sustancias responsables de su sabor y aroma. El agua hirviendo pasaba a través de un depósito con el café, subía a una zona diferente por acción de la presión del agua hirviendo y se servía en función del gusto por la temperatura. Desde la aparición del café en cápsula la situación ha cambiado. El agua pasa por la cápsula y se genera el producto deseado en un momento. El agua sobrante, junto con la cápsula empleada caen a un depósito, donde queda depositada húmeda hasta que se llena el depósito o el dueño se decide a tirarlas.

Como consumidores nos preocupamos por el producto caliente que sale por la abertura del agua y, en esencia, nos da lo mismo lo que le pase al depósito con las cápsulas, puesto que se trata de un residuo. Sin embargo, dejar una superficie húmeda a temperatura ambiente, junto con los restos de café, produce un estímulo en el crecimiento de microorganismos que nos pueden dar algún que otro problema, especialmente si no limpiamos correctamente las superficies interiores de estos depósitos.

Un problema conocido

El problema de los biofilms es muy conocido desde hace tiempo. En este sentido, es perfectamente conocido que la humedad, junto con la temperatura y algunos nutrientes, permite el crecimiento de microorganismos y su adhesión a las superficies. Este fenómeno se acelera cuando las superficies son de materiales plásticos, lo que facilita la adhesión y el crecimiento microbiano, gracias a la carga eléctrica de estos materiales y a su porosidad.

Sin embargo, pocas veces caemos en que esto pueda ser un problema. Curiosamente, la formación de biofilm se produce por la ausencia de un plan de limpieza del equipo. De hecho, el consumidor medio piensa que no hay que limpiarlo porque lo que se genera es basura y todo apunta a que esto es un error.

En un estudio publicado a finales del 2015 se analizó la microbiota de diferentes cafeteras de cápsulas durante un año, poniendo de manifiesto que los microorganismos mayoritarios era Enterococcus y Pseudomonas. El primero es una bacteria considerada durante mucho tiempo como fecal, aunque en la actualidad se define como un microorganismo presente en el agua y en una gran cantidad de superficies tocadas por personas. En el caso del segundo género, es claramente una bacteria muy abundante en entornos acuáticos.

Se llegaron a detectar hasta 67 géneros microbianos diferentes, algunos de ellos con propiedades patogénicas, por lo que supone un peligro potencial para los consumidores, dependiendo de la forma en la que se manipule el compartimento de las cápsulas.

Soluciones a la vista

Solucionar un problema de biofilm de este tipo no es fácil, puesto que supone cambiar, de algún modo, la mentalidad del consumidor. De hecho, si lo que se hace es enjuagar con agua corriente el biofilm se extiende y crece mucho más, con lo que el riesgo se incrementa.

Una primera idea, seguramente, será la inclusión de biocidas en los plásticos con lo que se construyan las máquinas, lo que a priori podría ser un error. Hay una tendencia a colocar sales o iones de plata en muchos materiales. Sería un error porque la EFSA no acepta la inclusión de nanopartículas de plata en materiales alimentarios, aunque veamos numerosos materiales con estas sustancias no permitidas.

En esencia, sería mejor emplear productos bacteriostáticos a bactericidas, pero, sobre todo, no perder de vista la importancia de una correcta limpieza. En este sentido, el lavado del depósito en un lavaplatos podrá conseguir una mayor eficacia que su lavado a mano, siendo imprescindible el empleo de algún detergente con agua caliente desde el inicio del servicio del equipo. En cualquier caso, veremos las soluciones que aporta la industria y esperemos que no sean excesivamente simplistas.

Bibliografía

  • Vilanova C., Iglesias A., Porcar M. 2015. The coffee-machine bacteriome: biodiversity and colonisation of the wasted coffee tray leach. Scientific Reports. 5:17163. DOI: 10.1038/srep17163.

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