Ladrillos de pino y olivo

Las cenizas de restos vegetales son la base para ladrillos con mayor porosidad y menor conductividad térmica que los tradicionales de arcilla

Científicos del grupo de investigación Ingeniería Química y Ambiental de la Universidad de Jaén han fabricado ladrillos compuestos principalmente por cenizas de poda de olivo y de pino que presentan una mayor porosidad y menor conductividad térmica en comparación con los tradicionales de arcilla. Además, el empleo de materiales de desecho reduce el impacto medioambiental durante su producción. 

Durante la fase de experimentación, los expertos han sustituido gradualmente la arcilla que se utiliza en la composición de los tradicionales por cenizas de fondo o volantes, suministradas por una empresa de generación de energía renovable de la localidad de Andújar. “La composición de estos residuos es similar a la materia prima cerámica”, explica Dolores Eliche, responsable de este estudio científico.

Para que cumplan con la normativa vigente y puedan emplearse en la construcción, los investigadores han establecido que deben contener un 20% de cenizas de fondo o un 10% de cenizas volante como cantidad recomendada.

El análisis de las propiedades físicas, mecánicas, térmicas y químicas resulta indispensable a la hora de examinar la viabilidad de estos materiales. Para ello es preciso analizar cómo cambia la microestructura tras la incorporación del residuo que a su vez modifica sus propiedades. A efectos prácticos, ello supone estudiar la densidad aparente, absorción y succión de agua, la resistencia mecánica a compresión o la conductividad térmica.

El estudio se ha publicado en la revista Applied Clay Science y es el resultado de la primera de las tres fases de las que consta. Las otras dos partes del estudio se centran fundamentalmente en la eliminación de la fase de cocción de estos elementos cerámicos. Es el paso más costoso de toda la fabricación y a su vez, el más contaminante.

Por ello, están realizando paralelamente diferentes ensayos con cenizas de diversos materiales (cáscara de arroz, tableros de madera, alperujo, hueso de aceituna y poda de pino y olivo) con el fin de determinar qué tipo es el más adecuado a la hora de prescindir de esta etapa del proceso productivo.

Estas pruebas las están contrastando con la fabricación de ladrillos sílico-calcáreos (compuestos tradicionalmente por una mezcla en agua de cal viva y arena fina) que se moldean a presión y no necesitan cocción, puesto que se endurecen con vapor o inmersión en agua. También están tratando de conseguir nuevos materiales cerámicos, como los geopolímeros, para buscar así una alternativa al cemento portland que durante su obtención libera gran cantidad de dióxido de carbono.

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