La repentina aparición de la ciguatera

La intoxicación por ciguatoxina, confundida erróneamente con Anisakis, es debida al consumo de pescado de gran tamaño procedente de aguas tropicales y subtropicales
ciguatera
Ejemplar de medregal, pescado subtropical causante de la intoxicación por ciguatoxina en Canarias.

Una nueva toxina acaba de hacer acto de presencia. Sobre todo en los medios de comunicación, donde pocos son los que han resistido la tentación de presentarla como el nuevo Anisakis. Se trata de la ciguatoxina, que ni es tan nueva ni sus efectos son equiparables a los del conocido parásito del pescado. Aunque eso sí es cierto, tiene que ver con el pescado que consumimos.

Al consumidor se le ha presentado como una toxina que entraña grandes peligros, lo que, como consecuencia, ha generado una cierta alarma social que está afectando negativamente el consumo de pescado, un producto fundamental para nuestra salud. De nuevo, como en tantas otras ocasiones, se confunde peligro y riesgo.

La transmisión de la ciguatoxina es conocida desde hace casi 500 años. La primera descripción la hizo Pedro Martyr de Angleria, un médico italiano al servicio de la corona española, en el año 1530. En sus citas, el galeno describe la intoxicación por ciguatera asociada al consumo de grandes peces, sobre todo barracudas y picudas, pescado que, por cierto, no es muy propio de nuestros lares.

Más bien al contrario. Es bien conocido que en áreas marítimas en las que son habituales unas elevadas temperaturas del agua (entre 20ºC y 30ºC), puede darse un alto crecimiento de microalgas, algunas de las cuales generan toxinas, que son consumidas por peces herbívoros. Estos peces, de pequeño tamaño, acumulan una cantidad de toxina insuficiente para producir intoxicación en humanos. Restringidas estas microalgas originariamente a puntos muy concretos del planeta, el aumento gradual de las aguas oceánicas debido a los efectos del cambio climático está llevando a una distribución mundial de su presencia, aunque como premisa tiene que darse siempre una elevada temperatura del agua.

Del pequeño al grande

Dado que, como es bien sabido, el pez grande se come al pequeño, los de mayor tamaño adquieren las toxinas, que se concentran en las vísceras y el músculo. Por tanto, el problema suele estar relacionado con peces depredadores, que son justamente los de mayor tamaño. Dado el interés de los consumidores y de la industria por los peces grandes, podemos tener una idea aproximada del riesgo que entrañan estos animales. De forma muy particular, en sus zona endémicas.

Ni las aguas de pesca españolas ni las de los países europeos son zonas endémicas. En los últimos años, probablemente relacionado con el cambio climático, es cierto que se ha producido un incremento de las temperaturas del mar, que en épocas estivales pueden alcanzar las  adecuadas para un crecimiento notable de estas microalgas. La consecuencia es que la toxina puede estar presente, pero sólo durante periodos de tiempo relativamente cortos, lo que implica que no es todo el pescado, ni está siempre contaminado. Esta situación se daría en regiones propicias, como las del Mediterráneo en verano, o en el norte de África. Difícilmente, de forma generalizada en el hemisferio norte.

El riesgo, de existir, estaría relacionado con especies de gran tamaño. En nuestras latitudes sería el caso del mero. Hasta la fecha, y en todo el mundo, se han descrito algo más de 400 especies de pescado que pueden causar ciguatera. En Estados Unidos, sus autoridades sanitarias han destacado 10 especies principales en zonas subtropicales.

En la Unión Europea, hasta el momento, se prohibía la comercialización de las especies de pescado que puedan vehicular este tipo de toxina, aunque ahora se están revisando los criterios.

Intoxicación por ciguatoxina

La intoxicación por ciguatera se produce por la ingestión de pescado marino de aguas tropicales y subtropicales que acumula la toxina, de forma natural, a través de su dieta. Las toxinas (termostables), soportan el cocinado, por lo que pueden producir la intoxicación después del consumo de pescado crudo o tratado por el calor.

Son producidas por diversas especies de dinoflagelados del género Gambierdiscus (microalgas), siendo un proceso endémico en determinadas zonas del mundo. Se han descrito entre 50.000 y 500.000 personas afectadas en el mundo. En España el primer caso se dio en el 2004 en Canarias. En esta comunidad autónoma se han descrito hasta 109 casos en 13 años.

Los síntomas de la intoxicación por ciguatera se pueden presentar en un período de entre 2 a 12 horas después del consumo del pescado contaminado. La intoxicación se caracteriza por la presencia de cólicos abdominales, diarrea líquida, náuseas y vómitos. Una vez que se producen los síntomas de afectación gastrointestinal aparecen los nerviosos, entre los que destaca la sensación de que los dientes se caen, confusión entre frío y calor, dolor de cabeza, modificación del ritmo cardíaco y sabor metálico. Estos síntomas pueden empeorar si se bebe alcohol. La sintomatología desaparece en 24 horas y no deja secuelas.

No hay prevención posible congelando o cocinando el pescado, puesto que no es un parásito ni un microorganismo, se trata de una toxina. Por ello, la única manera de evitarlo es no consumir peces depredadores de gran tamaño que habiten en zonas subtropicales o tropicales.

Como normas generales, podemos destacar:

  • Evitar el consumo de peces grandes y depredadores, especialmente barracudas en la zona del Caribe o mero en España
  • Evitar comer la cabeza, las vísceras o las huevas de cualquier pez de arrecife
  • Evitar comer pescado capturado en sitios conocidos por ser ciguatóxicos.

La ciguatera no es Anisakis

No hay nada en común entre la ciguatera y Anisakis. Los parásitos patógenos que afectan al pescado no producen toxinas. Por este motivo, su prevención radica en la congelación y el cocinado del pescado. Un tratamiento adecuado destruye al parásito, con lo que se elimina el riesgo.

Cuando hablamos de intoxicaciones, los responsable son moléculas proteicas, en este caso de pequeño tamaño, que no se ven afectados por ninguno de los tratamientos accesibles en cocina. Relacionarla con Anisakis sólo pretende llamar la atención del consumidor y le hace un flaco favor a la causa real de esta intoxicación. En este sentido, la información aparecida recientemente en los medios cabe calificarla de sensacionalista o escasamente real. Esperemos que la tónica cambie.

Por ahora, la única solución es evitar consumir el pescado en el que se acumula la toxina. Esto supone que las autoridades sanitarias y las empresas distribuidoras de pescado han de estar alerta, para poder detectar el problema antes de que llegue a la mesa.

Bibliografía

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