La EFSA ofrece luces y sombras en el uso del titanio en alimentación

El uso de nanopartículas de metales en alimentación sigue levantando recelos por la falta de estudios científicos concluyentes
dióxido de titanio EFSA

A.R.

Por el momento, parece que el colorante E 171, autorizado para usos alimentarios en Europa, no provoca problemas de salud. Así lo entiende la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), cuyo panel de expertos no ha hallado resultados que verifiquen su toxicidad después de analizar los distintos estudios disponibles. De acuerdo con la agencia europea, el dióxido de titanio, la base del colorante, puede seguir usándose en la industria alimentaria como blanqueante en productos de repostería, panadería y elaboración de salsas. El E171, además de cómo blanqueador, se emplea también para dotar de opacidad y efectos esponjosos en algunos productos.

Pese a esta opinión positiva, la EFSA admite la necesidad de un mayor y mucho más amplio número de estudios que ayuden a elucidar cual es la dosis diaria máxima recomendable con el fin de establecer límites seguros, al tiempo que verificar que, efectivamente, el dióxido de titanio no es tóxico en la forma como se utiliza en la industria. Algunos estudios, a los que la propia agencia hace referencia, señalan potenciales problemas en el sistema reproductivo asociados a este metal. En el fondo del debate subyace el uso de nanopartículas en los procesos alimentarios industriales, cuya seguridad sigue levantando recelos.

La polémica de las nanopartículas

El uso de la nanotecnología en la industria alimentaria esconde una polémica sobre la cual no hay consenso científico. Existen dudas acerca de cómo los materiales empleados a escala nanométrica pueden afectar a la salud, puesto que debido a su tamaño pueden propiciar reacciones bioquímicas y moleculares indeseadas y muchas de ellas desconocidas. Parte de la comunidad científica sostiene que las nanopartículas, más allá de los usos controlados en biomedicina, pueden provocar interacciones con proteínas esenciales, penetrar en las células provocando efectos no previstos e interferir en sistemas mediados por hormonas.

Del mismo modo, tampoco hay consenso acerca de las implicaciones ambientales de su aplicación en la industria alimentaria. Se considera que en cantidades limitadas y sobre todo bajo un estricto control de seguridad, las nanopartículas actualmente empleadas en investigación y algunos procesos industriales no suponen ningún riesgo para el medio ambiente.

No obstante, las cosas podrían cambiar si se autoriza un uso regular de estos compuestos en alimentación, donde se prevén consumos masivos. En estas condiciones, la comunidad científica reclama más estudios y de carácter mucho más complejo, antes de apoyar una opinión favorable.

Peticiones contrarias

El colorante E 171 no está considerado por la EFSA como un producto elaborado con nanomateriales. Según su propia definición, lo sería en el caso de que incorporara al menos el 50% de su contenido en forma de partículas con tamaños comprendidos entre 1 y 100 nanómetros, algo que no ocurre con el dióxido de titanio.

Desde organizaciones en defensa del medio ambiente y determinados sectores científicos se reclama que la EFSA desautorice el uso de los nanomateriales hasta no tener pruebas concluyentes sobre su seguridad. La autoridad europea, en los últimos años, ha revisado a la baja el uso de algunos colorantes tanto de uso alimentario como empleados en packaging.

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