La carne de conejo se reivindica

Pese a ser una de las joyas nutricionales de la dieta mediterránea, la carne de conejo ocupa un lugar discreto en las preferencias de consumo
cunicultura conejo

Que esté considerado o no un manjar de reyes depende, como en todo, de las apreciaciones de cada uno. Pero lo que admite poca discusión es que, por sus características nutricionales, la carne de conejo es una de las joyas de la dieta mediterránea. Sin embargo, su consumo no ocupa desde hace años un lugar preferente, especialmente entre los más jóvenes. Pollo, cerdo y vacuno van muy por delante y, lo que es en si mismo una mala noticia para el sector, es que la diferencia tiende a ampliarse. El consumo de carne de conejo no solo está estancada sino que tiende a reducirse.

Por este motivo, entre otros, 2017 ha iniciado su andadura con una campaña promocional de la interprofesional INTERCUN, con la que se persigue fomentar el consumo de carne de conejo. De modo genérico, la campaña pretende situar esta carne en la mente del consumidor a la hora de realizar la compra y de refrescar sus características positivas a los consumidores habituales. Sin descartar ninguna franja de edad, centra parte de su contenido en el consumidor más joven, al que se le especifican unas bondades que se ajustan a su ritmo y estilo de vida y se le recuerda que la carne de conejo es una de las bases de la dieta mediterránea.

Innovación

De acuerdo con los datos de la consultoría especializada Kantar Wolrdpanel, el consumo de la carne de conejo ha experimentado un notable retroceso. En concreto, en 2015 cayó un nada despreciable 7,2% en el consumo doméstico. El consumo por cápita (kg/persona/año) en 2015 fue de 1,29% frente al consumo de pollo, que se sitúa en el 13,78%, la de cerdo (10,89%) y la de vacuno (5,69%), según datos del Informe del Consumo de alimentación en España en 2015.

Para remontar este descenso de consumo los productores apuestan por la innovación para este 2017. Nuevos cortes, formatos más pequeños y productos semi-elaborados, forman su particular receta. La oferta que podrá encontrarse en las carnicerías incluye productos como hamburguesas “100% conejo”, brochetas, salchichas o incluso marinados. Se trata de presentaciones de “fácil consumo” dirigido a público joven y con menos tiempo para cocinar basadas en productos sin piel ni huesos en raciones para una o dos personas.

Joya nutricional

La carne de conejo es conocida como “la joya nutricional” de la dieta mediterránea por su bajo contenido en grasas, su alta composición en proteínas de alto valor biológico, alto contenido también en vitaminas hidrosolubles, en concreto de cianocobalamina (Vitamina B12), niacina (Vitamina B3) y piridoxina (B6). Por otra parte, tiene un bajo contenido en sodio, por lo que puede recomendarse su consumo a personas que padecen  hipertensión arterial, siempre que no se le añada mucha sal al cocinarla.

Su alto contenido en fósforo (mineral imprescindible para la formación de los huesos junto al calcio), y en selenio (potente antioxidante) y potasio (que colabora en la regulación de la tensión arterial), complementan su perfil cardiosaludable. Todos estos factores, entre otros, facilitan que su consumo regular sea indicado para contribuir en la lucha contra algunas patologías como la obesidad, la hipertensión, la hiperuricemia, la anemia, la dislipemia y  problemas digestivos y cardiovasculares.

Estudios clínicos promovidos con la Organización Interprofesional de la Carne de Conejo de Granja (INTERCUN) sobre el consumo de carne de conejo destacan que, por su perfil nutricional saludable, es una opción a tener en cuenta en las personas que practican deporte de alto rendimiento. En un estudio llevado a cabo sobre dos grupos de deportistas, uno de ellos consumió carne de conejo 3 veces a la semana durante 12 semanas y el segundo se abstuvo de este producto.

Analizando los resultados, por disciplinas deportivas se observó que los gimnastas masculinos que comieron carne de conejo experimentaron un incremento de la masa muscular y una disminución en el porcentaje de grasa corporal mayor respecto al grupo de control. El estudio fue dirigido por Nieves Palacios, Jefe del Servicio de Medicina, Endocrinología y Nutrición del Centro de Medicina del Deporte de la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte en el IV Congreso Internacional y X Nacional de la Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC) celebrado en Burgos en octubre de 2016.

Redefiniendo la cunicultura

La cunicultura como práctica industrial tiene relativamente pocos años. Según diversos estudios, no es hasta la década de los años setenta del siglo pasado que empiezan a proliferar granjas dedicadas a la cría del conejo para su aprovechamiento cárnico y su entrada en líneas de producción y distribución de un cierto calado. En los años siguientes, el pequeño productor va dejando paso a las granjas especializadas y el autoconsumo pierde peso en paralelo al abandono de las prácticas agrícolas en amplia zonas del territorio español.

Pese a ello, en la última quincena de años el sector ha experimentado una importante evolución marcada por la modernización de los sistemas de cría, la mejora genética y mejores y más eficientes sistemas de alimentación animal. Todas estas mejoras, sin embargo, no han impedido que el sector se haya instalado en una crisis permanente por el dominio, como ocurre con otros sectores, de las grandes empresas distribuidoras y sus políticas de precios. Como consecuencia, y pese a la progresiva profesionalización de los cunicultores, los últimos años se han caracterizado por el cierre de explotaciones, la caída de consumo y la caída de precios. Hoy, la carne de conejo representa el quinto puesto de la carne más consumida tras el porcino, aves, vacuno y ovino-caprino.

En las regiones productoras, con Cataluña y Galicia a la cabeza en España, la tendencia actual pasa por valorizar este tipo de carne como producto cardiosaludable y especialmente apto para el deportista y el cuidado general de la salud. Se le dota de este modo de una etiqueta de valor añadido en la que se destaca la escasa presencia de grasas y el alto contenido en minerales y proteínas. La nueva concepción está favoreciendo la aparición de explotaciones donde prima el comercio de proximidad, al tiempo que se ha revalorizado el concepto de autoconsumo.

España se sitúa en la actualidad como el tercer país productor de carne de conejo de la UE por detrás de Francia e Italia. Se trata de una producción marcada por la estacionalidad y por un fuerte componente cultural que hace que se consuma en solo nueve países de la UE. Más allá de las fronteras comunitarias, el conejo producido en España puede encontrarse en una docena larga de países, entre los que destacan Japón y Estados Unidos.

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