Insectos para la alimentación de ganado porcino

El elevado aporte proteico de distintas especies de insectos está considerado un valor al alza como complemento en la alimentación de ganado
insectos para ganado porcino
Larvas de insectos para producción de harina

¿Es posible que en un futuro próximo determinados tipos de insectos puedan suponer una alternativa segura en la alimentación de ganado porcino? Por lo que parece, no solo es probable sino que, a tenor de los avances tecnológicos que se están produciendo en este particular sector, su entrada regular en el mercado es más que inminente. La razón no es otra que los productos derivados de los insectos tienen elevadas proporciones de proteína bruta, en rangos que oscilan entre el 40% y el 70% en función de la especie considerada.

En opinión de Manuel Fondevila Camps y Mª Angeles Latorre Górriz, en un artículo publicado en la plataforma especializada 3tres3, en el mercado europeo, las dietas para ganado porcino se basan “tradicionalmente en maíz y cebada, como fuentes energéticas, y harina de soja como aporte proteico”. Pero debido a la variabilidad en la producción y disponibilidad de estos nutrientes, en muchos casos se alcanzan precios que “comprometen la rentabilidad de la producción porcina”. De ahí que, desde hace unos años, se busquen alternativas “a un precio estable y competitivo”.

Es en este marco, señalan, que recientemente se ha abierto el debate sobre el uso de insectos como ingrediente en dietas para animales (regulación EC56/2013), “que suponen una buena fuente de nutrientes, comparable en proteína a la de la harina de soja”. Los autores destacan que los insectos crecen y se reproducen fácilmente, son eficientes en su capacidad de conversión y pueden producirse a partir de residuos de la agricultura o la industria alimentaria, incluyendo estiércoles y excretas animales, con el consiguiente beneficio medioambiental. Además, indican, sus desechos pueden utilizarse como abono orgánico. Como ejemplo citan que “una mosca doméstica puede poner hasta 1000 huevos en una semana, de los que se obtienen larvas en un periodo de 72 horas”. Según otros autores, podrían lograrse producciones entre 44 y 74 g de larvas a partir de un consumo de 180 a 650 g de estiércol.

Las especies más estudiadas hasta el momento, y a su vez los más fácilmente producibles a gran escala, son las larvas de la mosca soldado negra (Hermetia illucens) o de la mosca doméstica (Musca domestica), el gusano de la harina (Tenebrio mollitor) y el gusano de seda (Bombyx mori), señalan Fontdevila y Latorre en su texto. No obstante, el potencial es “mucho mayor”: “hasta 2000 especies de insectos son consumidas por diversas culturas humanas”. Para alimentación animal, el producto puede comercializarse directamente como harina de insectos enteros o como proteína insoluble, una vez desengrasado.

En general, detallan, los productos derivados de insectos tienen elevadas proporciones de proteína bruta, en rangos entre 40-44% proteína bruta de la larva de mosca soldado negra o hasta el 60% de la larva de mosca negra o los saltamontes, e incluso puede llegar al 70% en el gusano de seda. Además, muchos de ellos incluyen niveles altos de minerales, aunque en general “son proporcionalmente pobres en calcio”, excepto la larva de la mosca soldado negra.

Fontdevila y Latorre creen necesario optimizar las condiciones de producción para reducir costes, garantizar una disponibilidad constante a un precio accesible y definir el impacto medioambiental de su producción, “ya que por el momento la producción de insectos se plantea a pequeña escala, aunque actualmente se observa un aumento de granjas de insectos”, en Asia, África e incluso en Europa.

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