El salmón transgénico recibe la aprobación de la FDA

La cría de variedades transgénicas para consumo humano está revestida de medidas extraordinarias en tierra firme para evitar fugas a mar abierto
salmón transgénico
Un salmón transgénico y otro normal, ambos de 18 meses

Han pasado 25 años largos y multitud de anuncios sobre su pronta disponibilidad comercial sin que el salmón transgénico lograra superar el escollo que se preveía como definitivo: su aprobación por parte de la todopoderosa Food and Drug Administration, la agencia que en Estados Unidos vela por la seguridad de fármacos y alimentos. Ahora, finalmente, la barrera ha cedido.

En esencia, el animal transgénico se diferencia del salvaje, o del cada vez más abundante de piscifactoría, por su tamaño y por su velocidad de crecimiento en aguas cautivas. Crece aproximadamente el doble y en la mitad de tiempo. En tan solo 18 meses alcanza el tamaño que la variedad salvaje consigue en tres años. La clave es una modificación genética que altera la actividad de la hormona del crecimiento de la variedad ahora autorizada para consumo humano.

La nueva variedad reposa sobre los resultados de cientos de trabajos científicos y otros tantos intentos para lograr mediante ingeniaría genética un ejemplar capaz de alcanzar suficiente tamaño como para ser viable económicamente.

Pero no solo eso. Por el camino han quedado estudios para verificar si el animal transgénico podía adaptarse a las frías aguas del Pacífico sur americano y su adaptación en criaderos situados en la costa chilena, durante mucho tiempo considerados los más viables.

El temor a posibles fugas, tanto accidentales como intencionadas, que pudieran ocurrir en criaderos y piscifactorías ubicadas en las líneas costeras, con el consabido riesgo ambiental que implicarían, ha llevado a la administración estadounidense a exigir medidas sin precedentes en lo que a producción alimentaria se refiere. Una vez resueltas las dudas acerca de su seguridad alimentaria, había que solucionar la ambiental. Esta se ha logrado, asegura la FDA, en instalaciones construidas en tierra firme y dotadas de mecanismos de seguridad y confinamiento más propios de un centro de alta seguridad que de uno de producción alimentaria.

La autorización de la FDA afecta tan solo a territorio de Estados Unidos. No se espera, al menos en un futuro próximo, la llegada de estos ejemplares para consumo humano a Europa, donde el rechazo a los alimentos transgénicos es mucho mayor que al otro lado del Atlántico.

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