El gen que retrasa la maduración de las fresas

El bloqueo de un gen que actúa controlando los cambios de la pared celular consigue prolongar la vida comercial de las fresas tras su recolección
gen de la fresa
Los tres frutos de la derecha son convencionales tras tres días de almacenaje a 25ºC. Los tres de la izquierda son frutos con el gen modificado que han sido almacenados en las mismas condiciones.

Científicos del grupo de investigación  Mejora y Biotecnología de Especies Hortofrutícolas’ de la Universidad de Málaga han aplicado técnicas biotecnológicas para retrasar la maduración de las fresas y han conseguido cultivar plantas cuyos frutos presentan una textura más duradera en la poscosecha.

En concreto, los expertos han logrado que este fruto perecedero tenga una vida más prolongada después de su recolecta. Para ello, han empleado ensayos in vitro basados en la modificación del genoma de la planta y han identificado el gen asociado a la pérdida de firmeza de la pared de las células del fruto, denominado FaPG1.Tras su localización, lo han ‘silenciado’ para retrasar la maduración de la fresa, sin afectar al tamaño, color y sabor del fruto, así como tampoco a los contenidos en azúcares o la acidez.

Los resultados de este trabajo publicado en la revista Food Chemistry, suponen una nueva vía para mejorar el proceso de maduración de la fresa. Según estos expertos, el deterioro de las fresas en la poscosecha provoca pérdidas de entre el 5% y el 25% de la producción.

En esta línea, los científicos han observado que durante la maduración de la fresa, ésta se debilita y sufre un rápido reblandecimiento hasta adquirir una textura semilíquida al final del desarrollo. “La fresa se va ablandando y deteriorando mientras se recoge del campo y recorre la cadena de envasado”, explica el investigador de la Universidad de Málaga y responsable de este estudio, José Ángel Mercado. 

Esta pérdida de firmeza de la fresa es consecuencia principalmente de cambios en la composición de las paredes celulares. “Las pectinas, es decir, uno de los principales  componentes de la pared celular presentes en los organismos vegetales, se van rompiendo en esta fase, de modo que se debilita la estructura de la pared y se favorece el crecimiento de patógenos en el fruto provocando su deterioro”, aclara este experto.

Genes ‘apagados’

Con el fin de prolongar su conservación, los investigadores han realizado ensayos a escala nanométrica en el laboratorio para analizar la estructura de las pectinas y han empleado además técnicas de cultivo in vitro con las variedades de fresa ‘Chandler’ y ‘Camarosa’.  “Comprobamos que las variaciones de firmeza en la fresa dependen de genes que rompen la pared celular. Ellos ordenan impactar sobre la textura del fruto, de modo que concluimos que si silenciábamos esos genes, obtendríamos que la vida poscosecha de la fresa sería más prolongada”, afirma Mercado.

Los responsables de este estudio llevan 15 años trabajando sobre esta misma línea de investigación y pretenden ampliar estos estudios de mejora de especies hortofrutículas abarcando otras plantaciones con una alta producción en Andalucía, como son el aguacate y el olivo.

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