El daño de los insecticidas a las abejas

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria admite el riesgo de tres tipos de pesticidas neonicotinoides en el polen, el néctar y las poblaciones de abejas

Las evidencias científicas se acumulan sobre la mesa de los responsables políticos de la Unión Europea que deben decidir sobre los efectos de los pesticidas neonicotinoides sobre las abejas, bien sean domésticas, sobre las que se basa la producción de miel, como de otras especies salvajes. La noticia más reciente al respecto procede de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que se ha reafirmado en su convicción de que los pesticidas a base de nicotina representan un alto riesgo para estos insectos.

En los últimos años, han aparecido distintos informes y trabajos de investigación que ponen en duda la bondad de los pesticidas neonicotinoides. A la acción de estas sustancias químicas se atribuye la drástica reducción de las poblaciones de abejas justamente en aquellas zonas geográficas donde se aplican con mayor regularidad, en especial Europa y extensas regiones de Estados Unidos. La caída de las poblaciones de abejas, además del daño ambiental estricto sobre las mismas, se correlaciona con el riesgo de merma sustancial en los mecanismos naturales de polinización, los cuales tienen mucho que ver no solo con la pervivencia de hábitats naturales sino también con numerosos cultivos.

Justamente por estos motivos este tipo de insecticidas están siendo objeto de revisión en la Unión Europea. Se han establecido ya algunas restricciones a su uso, lo cual no ha obviado que algunos estados miembro hayan impulsado un debate para ampliar su regulación.

En este sentido, el dictamen de la EFSA considera que las abejas están sometidas a niveles tóxicos de estos pesticidas cuando van en busca de alimento en cosechas “que han sido tratadas con estos productos químicos". De acuerdo con el informe, tanto el polen y como el néctar presentan “restos de los neonicotinoides” que pueden encontrarse incluso en zonas aledañas a las tierras de cultivo tratadas. Todo ello implica, según el dictamen de la EFSA, que las plantas “vecinas” se ven afectadas por el insecticida, así como el suelo de los cultivos, “donde se acumula el pesticida” y “pasa a nuevas plantas cuando brotan".

En nota pública, el responsable del estudio y seguimiento del uso de pesticidas de la EFSA, José Tarazona, asegura que "aunque hay variabilidad en los resultados, según el tipo de abeja, el uso del insecticida y la ruta de contaminación, el riesgo global que suponen ha sido confirmado".

Los resultados obtenidos por la agencia no implican necesariamente que de ellos puedan elaborarse recomendaciones, señala el experto en la misma nota. "La agencia es un organismo de evaluación científica y no toma decisiones respecto a las autorizaciones o regulaciones de productos, incluidos los pesticidas", explica el experto.

La posición no es compartida por las organizaciones ecologistas ni tampoco por parte de la comunidad científica. Argumentan que existen suficientes evidencias científicas que relacionan de forma clara el uso de los pesticidas neonicotinoides y la progresiva desaparición de las poblaciones de abejas. El dictamen de la EFSA, aseguran, reafirma la opinión científica, por lo que exigen que se tomen medidas inmediatas tanto para proteger a los insectos como para implementar una medida preventiva en materia de seguridad alimentaria y salud pública. Una prevención que se extiende a la preservación del medio ambiente.

La Comisión Europea ha propuesto una nueva regulación de los pesticidas neonicotinoides para que solo puedan ser utilizados en invernaderos. La votación sobre esta postura se aplazó en diciembre de 2017 y debería retomarse durante este mes de marzo. 

Comentarios

Añade un comentario

Para comentar tienes que estar registrado.
Registrate o si ya eres usuario

Futuro